Arquitectura

Una escuela con sello mallorquín pero identidad suiza

Orsonnes, cerca de Laussane, estrena una escuela diseñada por el premiado estudio TEd'A

14.01.2018 | 12:33
Irene Pérez y Jaume Mayol, junto a la maqueta de la escuela de Orsonnes que fue inaugurada el pasado verano.

Arquitectura. El respeto por la tradición y la identidad es la filosofía de los mallorquines Jaume Mayol e Irene Pérez. Su propuesta les hizo ganar el concurso para la construcción del nuevo colegio de un pueblecito suizo.

Reivindicar lo ordinario, lo cotidiano. Valorar por qué la tradición se ha convertido en tradición y concluir que hay razones de peso: la tendencia a la perfección. Discernir qué es la identidad de un pueblo y cómo lo reflejan sus construcciones, y darse cuenta de que hay un importantísimo porqué que debe respetarse. Valorar y hacer destacar cada elemento del edificio. Y además, diseñar.

Todo eso y más es la filosofía con la que el estudio mallorquín TEd'A Arquitectes, con Jaume Mayol e Irene Pérez al frente, se presentó en 2014 a un concurso en Suiza para construir una escuela en el pueblecito de Orsonnes, cerca de Lausanne. Y su mirada externa e "inocente" y su afán de mímesis con la tradición local les hizo ganar el primer premio. La escuela suiza con sello mallorquín abrió sus puertas el pasado agosto.

Mayol explica que intentaron reinterpretar las típicas granjas de madera que vieron por la zona, con su estructura ordenada; sus cubiertas inclinadas; su base de piedra; su carácter compacto para mantener el calor. Añadieron unos detalles. Y escucharon.

Escucharon las peticiones de profesores, del director y hasta de las señoras de la limpieza. Y así hicieron una 'escuela-granja', muy simple por fuera y compleja por dentro; con la estructura como protagonista y con las aulas (dos de Infantil y siete de Primaria) distribuidas alrededor de un espacio vacío, en el que hoy cuelgan carteles hechos por los niños para mostrar su agradecimiento por su nuevo colegio. "El proceso para diseñar una escuela allí es totalmente diferente", apunta Mayol. Y no es solo que aquí ya no se convoquen concursos para construir los colegios. Para empezar, los habitantes de Orsonnes votaron en referéndum si querían un colegio. Cuando el proyecto de TEd'A fue seleccionado, el ayuntamiento volvió a preguntar al pueblo si querían esa escuela y dedicar el dinero que se había presupuestado. Y el pueblo dijo sí.

Cuidado por cada detalle


El proyecto buscó el equilibro entre los planes de los arquitectos y las necesidades y aportaciones del personal del centro. Así, cada clase tiene reservado un gran espacio de vestidor para que los niños se cambien las botas y se quiten los abrigos al llegar. Y el tipo de tapiz de lana que cubre el suelo fue recomendado especialmente por la señora de la limpieza. En la clase de Infantil, la reina es la completa cocina de 50 centímetros de altura en la que los pequeños aprenden manejando alimentos.

Para Mayol el diseño de escuelas es una de las vertientes más interesantes de la arquitectura. "Es la otra casa de los niños, pasan más tiempo allí que en su casa", reflexiona. Este interés le llevó a hacer su tesis sobre los numerosos colegios diseñados por Guillem Forteza en Mallorca desde 1920 hasta la Segunda República.

Mayol y Pérez han aprendido que en Suiza todo está muy regulado. Y por ejemplo, a la hora de hacer un colegio hay criterios que deben seguirse sí o sí, como la obligatoriedad de dejar en el sótano un espacio para refugio de guerra o las envidiables ratios de capacidad y espacio que debe tener cada aula: 80 metros cuadrados para un máximo de 25 alumnos.

En TEd'A ya están familiarizados con la normativa y la manera de trabajar en Suiza. Y es que allí posaron su mirada cuando en 2010, en plena crisis económica, se encontraron con el páramo en el que se había convertido el mercado arquitectónico en Mallorca y en España. Tras el fiasco de un concurso en Madrid en el que participaron pero que no se llegó a materializar, decidieron fijarse en países europeos con más 'cultura de concurso' (con más garantías, mayor agilidad...). Probaron con Suiza. Y con uno de los primeros proyectos que presentaron (otra escuela) lograron un prometedor quinto premio. Y luego vino un cuarto; un segundo... y en febrero de 2014, llegó el primer premio, la escuela de Orsonnes. Ahora han conseguido un segundo premio en el concurso para construir un museo.

¿Es que Mallorca no valora lo que tiene? ¿Se triunfa más fuera que en casa? El año pasado, el Colegio de Arquitectos de Balears otorgó a TEd'A el Premio Arquitectura de Mallorca por su vivienda Can Jordi i n'Àfrica, en Montuïri.

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