Fraude

La Policía relaciona a una empresaria de Calvià con una trama de intoxicaciones falsas

Los captadores que convencían a los turistas para que presentaran reclamaciones fraudulentas iban en un coche propiedad de Laura Cameron

03.09.2017 | 13:38
Turistas británicos de fiesta en Punta Ballena.

La Policía Nacional relaciona a Laura Holmes-Cameron, una importante empresaria de la noche de Calvià, con una trama de denuncias falsas por intoxicaciones en hoteles. Las investigaciones se iniciaron a partir de la denuncia de un hotelero de Alcúdia. Propietario del Club Mac, que explota en esa localidad los hoteles Marte, Saturno y Júpiter, asegura haber sufrido un fraude valorado en cuatro millones de euros.

En un informe policial al que ha tenido acceso este diario se menciona que los ´captadores´ -ganchos que merodean por los hoteles para animar a los turistas a que denuncien falsas intoxicaciones alimentarias para cobrar una indemnización- iban en un Polo de color negro registrado a nombre de una de las empresas de Cameron, KLM Ventures S.L, de la que es administradora única. El informe de la Policía está enriquecido con una investigación previa de una agencia de detectives contratada por el hotelero para demostrar documentalmente la estafa.

La empresaria admitió en conversación con este diario que el coche es de su propiedad, pero negó que tuviera nada que ver con el supuesto fraude que están investigando la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Asimismo, Cameron aseguró que KLM Ventures lleva "tres años cerrada". Sin embargo, en el registro de empresas ´Informa´ la sociedad aparece como "activa".

El informe policial se completa con datos de la investigación de los detectives acerca de los negocios de la empresaria británica: "Está vinculada a la familia Cameron, la cual según afirman se dedica a la venta de multipropiedades, además de promocionar locales de ocio en Punta Ballena y Magaluf (tiqueteros)", recoge el escrito de la Policía Nacional.

Los ´tiqueteros´, un colectivo muy presente en las zonas de ocio de Calvià, son los encargados de promocionar bares y discotecas entregando folletos de publicidad a los turistas a pie de calle.

El informe policial concluye que "los hechos [investigados] revisten indicios delictivos".

Cameron es una destacada empresaria del ocio nocturno de Calvià. Hasta el punto de que en 2014 fue una de las fundadoras de la Asociación Empresarial de Turismo de Calvià, una organización que se marcó como meta combatir los excesos de la fiesta de Punta Ballena. En aquella época esta zona de ocio nocturno, frecuentada por jóvenes británicos con hambre de fiesta y alcohol, se había hecho tristemente célebre por la moda del ´mamading´.

800 reclamaciones

El supuesto fraude con el que la policía relaciona a Cameron es de un gran calado. Según el denunciante, en 2016 sufrió un aluvión de quejas por supuestas dolencias gástricas derivadas de alimentos en mal estado.

En total 797 personas formularon reclamación a la cadena. El número de demandas fue inferior (273), dado que algunos de los reclamantes eran de una misma familia o grupo. El perjudicado aportó en su denuncia datos de que la cuantía de las indemnizaciones, 3,927 millones de libras, suponían un 700 por ciento más que las quejas recibidas en años anteriores.

Este tipo de estafas son generalizadas en zonas turísticas de Balears, Canarias y el Levante español. Y casi siempre protagonizadas por turistas británicos, beneficiados por una legislación que en su país falla casi siempre a favor del consumidor. De hecho, en el caso de las reclamaciones fraudulentas por intoxicaciones alimentarias puede bastar con el recibo de la compra de un medicamento para la diarrea para ganar un pleito.

Los turistas cobran la indemnización del touroperador que les ha llevado al destino vacacional, pero este repercute el importe al hotel en el que presuntamente tuvo lugar la indigestión.

Según indicó Biel Barceló el pasado mes de marzo, se estima que el fraude por estas prácticas en Balears alcanzó los cincuenta millones de euros el año pasado.

En Reino Unido hay una fiebre por denunciar indigestiones y diarreas. Florecen las empresas que asesoran y animan a los británicos a hacerlo. Les prometen un proceso rápido y sencillo, y unas indemnizaciones que van desde los 700 euros para problemas intestinales leves hasta los 40.000 para los más graves. El importe de menor cuantía bastaría para pagarse las vacaciones.

Sin embargo el Gobierno británico, alarmado por la expansión de este fenómeno, ha empezado a dar importantes pasos para erradicarlo. Hace unos días comunicó el cierre de la primera de estas empresas que animaban a sus clientes a presentar reclamaciones falsas. Y está investigando a decenas más, por lo que se avecinan más cierres.

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