06 de octubre de 2016
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Entrevista

Carles Parellada: "En educación hay mucha tertulia y poca conversación realmente seria"

06.10.2016 | 02:18
"En educación cada uno ha de estar en su sitio".

Maestro. Experto en pedagogía sistémica, Parellada analizó ayer en el club de este diario cómo han de conjugarse las relaciones entre familia, niños, administración y escuela para lograr un éxito educativo que no solo se mide en conocimiento.

¿Qué se entiende por pedagogía sistémica?

La Teoría General de Sistemas se aplica en distintos ámbitos. Sistémico quiere decir que tiene en cuenta las interacciones que se producen en cualquier organismo, institución... Estas interacciones siguen unas dinámicas determinadas y si las cuidamos se favorece el trabajo del grupo. Y eso se puede aplicar a la educación.

¿Una de las ideas de esta teoría se podría resumir en que cada actor familia, docentes, alumnos y Administración ha de estar en su sitio y hacer lo que le corresponda?

Es una de las ideas principales. Imagina el caso utópico de que la Administración cumpliese todas sus funciones; los educadores con las suyas... Que cada parte cumpliese con lo suyo de la mejor manera posible y sin estar pendiente de lo que hacen los otros. Los padres también tienen su sitio. Han de ubicarse, de alguna manerasuavizar sus expectativas respecto a lo que la escuela les puede ofrecer y estar más pendientes de lo que viven sus hijos en la vida cotididana y no de lo qué pasa en la escuela. Si yo creo que una de las partes no está cumpliendo con su tarea puedo decirlo, pero si me quejo constantemente al final ni me ocupo de mi trabajo ni le dejo al otro hacer el suyo bien. Si cada uno estuviera en su sitio, el engranaje funcionaría mejor. Hace falta gratitud y confianza entre las partes.

¿Cuál es el papel del profesor?

Hay un debate muy importante ahora. El maestro aparece hoy como un adulto con un conocimiento y una cultura muy importante y con capacidad de gestionar y crear contextos y ambientes de motivación para favorecer el aprendizaje, que ha de ser significativo (y para lograrlo se ha de conseguir que el niño aprenda de una manera vivencial). La idea del profesor que llega, explica el contenido y exige un aprendizaje a base de memorización es del siglo XIII.

¿Y el papel de las familias?

El sistema educativo debería decirlo claramente: son los protagonistas más importantes. Tienen la autoridad y el derecho de educar a sus hijos como crean conveniente. Son lo primero. Paralelamente, la escuela debería ser muy transparente, explicar qué hace y por qué. Y a partir de ahí, las familias deberían darles un voto de confianza. Claro que hablo desde la teoría, sé que la realidad es muy compleja y requiere un esfuerzo de conversaciones conciliadoras.

¿La confianza entre familias y escuela se ha perdido?

Hay un problema de base muy grave que es el fracaso escolar. Ahora se habla mucho de rankings y clasificaciones, que ignoran el contexto. Hay muchas variables que hacen que no se puedan universalizar los resultados. Y si nos centramos solo en estos indicadores –que miden la competencia matemática, lingüística y científica e ignoran todo lo demás– se pierde la confianza en el sistema educativo y agita además la política educativa: 'Ah, si esto no funciona hemos de cambiar la ley'. Y la cambiamos. Eso lo trastoca todo y se crea mucha desconfianza e incertidumbre. No puedes además pretender una mejora partiendo de ese sentimiento de inferioridad que generan estas clasificaciones. La neurobiología nos dice que si una criatura no tiene un problema orgánico, fisiológico o neurológico grave, en principio su programa interno se encamina al éxito. Si la mayoría debería tener éxito y no lo tienen, ¿qué es lo que no está funcionando en el contexto? Ésa es la pregunta, y de ahí la necesidad de estructurar las relaciones en el sistema educativo. En educación hay mucha tertulia y poca conversación.

En educación, ¿hay actores que eluden su responsabildiad concreta y echan la culpa siempre a los demás?

Sí, continuamente. Cuando un padre por ejemplo no puede centrarse, por la causa que sea, en la función parental, los niños sienten que pasa algo y focalizan mucho la atención en eso, con reacciones difíciles de entender, reacciones que pueden ser muy molestas. Y a veces en la escuela se detectan estas reacciones pero no se averigua qué cambio en el contexto puede haberlas provocado y no se actúa de la forma adecuada. El caso paradigmático son los niños diagnósticados con hiperactividad. No digo que no haya, pero no hay tantos. Hay un exceso de diagnóstico por un tema económico.

¿Los padres deberían poder entrar en el aula mientras los profesores dan la clase, como sucede en otros países?

Aún no, antes se ha de crear una cultura. La escuela debe tener las paredes de cristan, los padres han de saber qué pasa allí ya que ellos son los primeros del sistema, pero en el momento en el que entran en la escuela han de hacerlo bajo la supervisión del educador, que es el especialista. Es un encaje. Un maestro no puede ir a casa de un padre y decirle: 'Tu hijo tiene este problema, deberías hacer esto', pero un padre tampoco puede ir al aula y decirle al maestro cómo ha de dar la clase. Cada uno ha de estar en su sitio y buscar complicidades. Son jerarquías que cambian según el escenario.

¿Cuánto daño hace al sistema un profesor desmotivado?

Más que desmotivado, hablaría de algunos maestros que no tienen las habilidades que se requieren. Antes, sabiendo cosas y algo de mano izquierda ya podías ser maestro. Y hoy no: hoy hacen falta otras habilidades y hay gente que no las tiene. Pero tenemos un sistema muy rígido y no se puede sacar del sistema a personas que deberían estar haciendo otra cosa, y eso quema mucho. Debería haber algún mecanismo para derivar estos casos a otros trabajos que no sean hacer de maestros; mecanismos aplicables en la formación inicial, en las prácticas y luego ya en la vida profesinal. Pero la ley de funcionarado tiene agujeros muy importantes. La desmotivación llega cuando los maestros se queman, por tener mucha presión y muy poco apoyo. Esto se debería prevenir desde la primera señal.

Teorías, leyes... todo persigue el éxito educativo, ¿pero qué es el éxito educativo?

Tiene tres niveles: uno académico, de contenido; otro nivel social, donde entran valores de respeto, inclusividad... ; y otro nivel individual, de confianza en uno mismo. Salir de la escuela sin estas tres patas bien colocadas no es éxito. Hacen falta las tres.

Una frase que se repite mucho: 'En casa se educa y en la escuela se aprende'. ¿Qué opina?

Esto no se aguanta por ningún lado. La responsabilidad primera de la educación es de los padres, esto es indiscutible. Puede que durante muchos años la escuela ha tenido un rol muy formativo, de entrenamiento, pero hoy día con una sociedad tan compleja, ¿podemos esperar que los padres asuman todos los retos solos? Es difícil. Tampoco podemos pretender que la escuela arregle todo lo que no funciona en la sociedad (educación vial, en igualdad, contra la violencia...). Son necesarios interlocutores y un buen encaje.

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