Mohamed Harrak

De árbitro a yihadista

La vida de Mohamed Harrak está llena de interrogantes - Pasó de ser un árbitro de baloncesto que no se metía en líos a radicalizarse hasta el punto de ser detenido por terrorismo - No poder ser militar, clave en su frustración

24.04.2016 | 02:45
De árbitro a yihadista
El presunto yihadista el día de su puesta a disposición judicial. Allí aseguró que era un confidente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

¿Qué se torció en la vida de Mohamed Harrak para que la lupa de los servicios de inteligencia se posara sobre él? ¿Por qué un marroquí llegado a Mallorca cuando era niño y que se integra hasta el punto de que habla mallorquín llega a escribir tras los atentados de París: "El viernes fue uno de los días más felices de mi vida, ver el terror en sus caras no tiene precio"? ¿Por qué este árbitro de baloncesto que soporta los insultos propios de la profesión, y alguno añadido por su condición de musulmán, acaba siendo acusado por la juez de planear un atentado en España? ¿Por qué un hombre que soñaba con integrarse en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado llega a convertirse en yihadista?

Todas estas preguntas demuestran que el detenido en Son Gotleu llevó una vida dando tumbos. Se obsesionó con la causa radical del Estado Islámico (EI) que lo alejó del baloncesto e incluso de su novia durante cinco años. Personas de su entorno nos relatan alguna de las claves para conocer las respuestas sobre la historia de este joven marroquí que parecía integrado en la sociedad mallorquina y ha resultado tener una doble vida muy sinuosa.

Mohamed Harrak llegó a Mallorca cuando tenía unos 8 años. Con él viajaron sus padres, un hermano dos años menor y una hermana de corta edad. Su familia siempre fue muy religiosa y fiel seguidora de las tradiciones islámicas. Tanto su madre como su hermana siguen llevando el velo y vestimenta árabe. Estudio en el institut Josep Sureda i Blanes de Son Gotleu.

A los 14 años se interesó por el baloncesto y, junto a un amigo también marroquí, se presentó para realizar los cursos del comité técnico de árbitros. "Nunca demostró que fuera un radical. Es un chico normal y siempre se ha portado bien. Era un buen árbitro", asegura una anotadora de mesa que coincidió con él en la cancha de baloncesto. Un amigo suyo del mundo del arbitraje coincidía con la anotadora: "Era una persona muy integrada, habla castellano y mallorquín perfectamente y siempre se comportó de forma muy correcta. No descarto que se hayan equivocado con Mohamed Harrak. Lo conocía bien y no puedo creer que quisiera cometer un atentado".

No obstante, otros colegiados consultados ya notaron una actitud extraña en él cuando tenía entre 18 y 20 años. "Yo pedí no arbitrar más con Harrak. No me gustaban sus proclamas religiosas musulmanas que hacía de forma asidua. Incluso lo bloqueé en el Facebook por este mismo motivo". En esa época ya se interesaba por entrar a formar parte de los cuerpos policiales o el Ejército. ¿Cual era la verdadera identidad de Mohamed Harrak?

Por aquel entonces, el detenido salía con una anotadora de mesa de origen argentino y parecía llevar una vida normal: un joven árbitro cuyo quehacer cotidiano era el trabajo, su novia y dirigir partidos de baloncesto.

Agresión a su hermana

Todo cambio en agosto de 2010. Tal y como adelantó este diario el pasado viernes, Mohamed Harrak y su madre fueron juzgados por agredir a su hermana pequeña, que entonces contaba con 12 años, con un cable eléctrico. Le provocaron numerosos hematomas por todo el cuerpo. La Audiencia Provincial ratificó la condena por un delito de agresión en el ámbito familiar. Aquel episodio provocó que Harrak diera un bandazo a su vida. Dejó prácticamente de arbitrar, ya que desde el comité técnico no les hacía mucha gracia que un condenado por agredir a su hermana menor arbitrara partidos de baloncesto femenino y masculino de infantiles. "En los últimos años solo ha arbitrado seis o siete partidos", indicó un árbitro amigo del detenido.

Aquello marcó su vida. Solicitó la nacionalidad española, pero se la denegaron por sus antecedentes penales. Ello también le impidió poder ingresar en los cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, uno de sus grandes sueños desde muy joven. ¿Fue este el motivo que frustró sus aspiraciones y decidió combatir para el Estado Islámico? Sin duda, en la vida de Harrak, hay un antes y un después de su condena y la denegación de la nacionalidad.

Empezó a trabajar en la hostelería para poder vivir, pero sus allegados apuntan que incrementó de forma significativa su religiosidad y seguidismo de las estrictas tradiciones musulmanas. Al mismo tiempo empezó a practicar el paintball y airsoft (juegos de guerra con armas que disparan bolas de pintura) para calmar su obsesión por pertenecer al colectivo militar o policial. "Era muy reservado y es cierto que le gustaba emular los comandos de militares, pero nunca se portó mal y tampoco mostró una actitud de radicalismo", aseguran amigos que le conocieron arbitrando partidos de baloncesto. "Durante algunos partidos –prosiguen– recibió insultos por ser musulmán y él aguantaba estoicamente sin encararse con el público".

No obstante, en este tiempo empezó a llevar una doble vida. Según el auto de su encarcelación, en algunos de sus perfiles de Facebook realizaba proclamas incendiarias contra los judíos, a favor de Palestina y de Hitler. Pero, al mismo tiempo, en su perfil oficial colgaba vídeos desaconsejando a los jóvenes árabes unirse al Estado Islámico. Incluso criticaba las acciones terroristas cuando hablaba con sus amigos. ¿Ya estaba preparando su coartada para ocultar su actividad yihadista?

En diciembre de 2014 sorprendió que a través de su cuenta de Twitter se dirigió al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) porque quería hablar con ellos en privado. ¿Buscaba una tapadera o era su obsesión por la vida militar y del espionaje que le llevaba a vivir una fantasía? Amigos suyos creen lo segundo: "Solo pensaba en ser policía o entrar en el Ejército, pero un suceso familiar le impidió cumplir su sueño". Se referían a la condena por agredir a su hermana.

Hablaba perfectamente castellano sin ningún acento y el mallorquín. "Le rechazaron en varios trabajos por ser musulmán, pese a que con el idioma demostraba que se había integrado. Él estaba convencido que lo rechazaban por moro", relató uno de sus amigos. ¿Este hecho, junto con la imposibilidad de ser policía, frustró sus sueños y ayudaron a su radicalización?

Nueva pareja jienense

Comenzó a trabajar de cocinero en un hotel de Santa Ponça. Allí conoció a su segunda novia, también trabajadora de hostelería y natural del pueblo jienense de Jabalquinto. Fue su pareja durante cinco años y en invierno Harrak viajaba con su novia a Jabalquinto para vivir en la casa familiar. Incluso se llegó a empadronar en el pueblo jienense para poder sacarse el carnet de conducir de vehículos pesados. Al no tener la nacionalidad española, para presentarse a los exámenes de conducción es preciso tener un domicilio. Por ello, Harrak dio el domicilio de la familia de su novia.

En Jabalquinto era conocido. Incluso participó en el cotillón que organizan en la plaza del pueblo con motivo de la Nochevieja. No obstante, la relación con su pareja estaba a punto de romperse. Ella se cansó de sus exigencias con las costumbres árabes y decidió cortar de raíz. No la dejaba acudir a la playa, no podía depilarse ni maquillarse y tampoco podía lucir bikini. Con la comida era exigente y un día en el pueblo se enfadó bastante al ver carne de cerdo cocinada, ya que ello va en contra de las costumbres musulmanas.

Justo después viajó a Marruecos, donde estuvo dos meses, y al regresar anunció a sus amigos que se había casado y esperaba un hijo. ¿Su estancia en Marruecos fue únicamente para contraer matrimonio o también para contactar con una cédula del Estado Islámico?

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