Torre de control a 66 vuelos por hora

Raúl Vega y Rafael Teijo, controlador y piloto de los sindicatos USCA y SEPLA, abren las puertas del Centro de Control de Sont Sant Joan y descubren el lema que rige a diario su trabajo: "Seguridad, orden y rapidez"

05.03.2016 | 02:53
Torre de control a 66 vuelos por hora

Controladores aéreos

  • No más de dos horas seguidas de actividad

    Sin seguridad no hay orden ni rapidez. La seguridad es el principal objeto de los controladores aéreos. Muchos piensan que llegar al destino solo está en manos de los pilotos, pero los controladores aéreos también son responsables. Ellos son lo que garantizan que el vuelo despegue y aterrice con total seguridad. Y, especialmente, que no sufra ninguna colisión. El trabajo de un controlador aéreo requiere mucha concentración y ningún tipo de estrés. Estos no pueden trabajar más de dos horas seguidas ya que en ocasiones llegan a controlar sesenta y seis aviones cada hora.

Estudiar mucho y tener un poco de suerte en el momento decisivo eran los requisitos para ser becado y conseguir uno de los puestos de trabajo más difíciles y estresantes que se conocen: controlador aéreo. Pero hoy todo ha cambiado. Si cuentas con los 135.000 euros de los cursos te puedes olvidar, comentan Raúl Vega y Rafael Teijo, el controlador y el piloto de los sindicatos USCA y SEPLA que ayer abrieron a los medios las puertas de la Torre de control de Palma y explicaron algunos detalles de su profesión.

Según su opinión, cada vez es más complicado poder formar parte de los que comparten el lema "Seguridad, orden y rapidez". Y es que ser controlador aéreo ya no está al alcance de cualquier bolsillo. Evitar colisiones en el aire, mantener los horarios de los vuelos y llevar un desarrollo seguro de las operaciones requiere una sólida formación. Pero, "este alto nivel de estudios ha disminuido", lamentó Raúl Vega, controlador aéreo en el Centro de Control de Palma. Además de tener que pagar una cantidad importante de dinero, hoy en día los supervisores aéreos no llegan a obtener el nivel de formación que se obtenía antiguamente, asegura Vega. "Hubo mucha demanda a principios de 2010, pero la gente se cansó de perder. Muchos se endeudaban pagando 45.000 euros por módulo para que después no encontraran trabajo o no terminaran los estudios. Dejaron de ir a las escuelas y hoy en día somos los mismos de siempre", añadió el controlador.

La Torre de control es la encargada de autorizar los despegues y aterrizajes en Palma, así como rodar aeronaves en tierra. Con la capacidad de cubrir lo que queda a la vista desde una altura de 52 metros aproximadamente, la Torre de control es capaz de dirigir un total de 66 aviones por hora, es decir, más de un avión por minuto entre despegues y aterrizajes.

Cuando los aviones alcanzan cierta altura es el Centro de Control el que se hace responsable de sus movimientos. En muchos aeropuertos, este centro no está en el mismo aeropuerto, ni tan solo cerca de él. La señal de radar es suficiente para controlar las aeronaves. Pero Palma no está dentro de esta grupo. El Centro de Control está en el mismo aeropuerto donde mantiene los aviones seguros por sus correspondientes aerovías en un radio de 51.000 kilómetros cuadrados.

Todo esto no podría llevarse a cabo sin los pilotos. Querer ser piloto también es una decisión difícil y, sobretodo, cara. Especialmente porque no hay ninguna universidad pública que ofrezca estos estudios, explicó el piloto de líneas aéreas y vocal de técnica y seguridad en vuelo, Rafael Teijo. "Conozco gente que ha tenido que hipotecar su casa para poder obtener todas las licencias", añadió Teijo. "Ser piloto no solo es pasar el reconocimiento médico y las formaciones requeridas. Es una profesión definida por el compromiso y pasión, pero todo pro viene acompañado de algún contra. Ser piloto es reencontrar a personas, salvar vidas o cuidar la naturaleza pero también exige pasar mucho tiempo fuera de casa, perderte los primeros cumpleaños de tus hijos o sus famosas funciones del colegio", comentó.

"Cada día 25 me dan la programación del mes", explicó Teijo. A partir de ese momento, se sigue un protocolo muy riguroso antes de cada vuelo. "El piloto firma unos quince papeles antes de que los compañeros de la Torre autoricen el despegue". En tierra se pueden solucionar todos los problemas, en el aire no, apuntó. "La comunicación con los controladores es muy importante, son ellos los que nos ayudan una vez arriba", añadió Teijo.

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