Una complicidad demasiado llamativa

La familiaridad en el trato que se dispensaban el obispo Salinas y su antigua secretaria desató comentarios en la expedición mallorquina para canonizar a Junípero Serra

11.12.2015 | 11:44
En la primera imagen, la mano del obispo solo con el anillo episcopal. En la siguiente, se aprecia cómo también lleva una alianza adosada.

­Las denuncias en sede eclesial contra Javier Salinas por su estrecho vínculo con Sonia Valenzuela, su antigua secretaria en el Obispado, no han sorprendido en los respectivos entornos de ambos. La familiaridad en el trato que se dispensaban mutuamente el prelado y su empleada llamó la atención y alguna que otra alerta a parte del personal en las dependencias y oficinas de la Iglesia. Lo mismo ocurría entre los próximos a Valenzuela y su marido. Éste ha terminado por acusar a Salinas ante el Vaticano de romper su matrimonio. También ha presentado una demanda de separación en los juzgados de Palma.

El propio obispo que niega haber conculcado la doctrina de la Iglesia admite que su relación daba pie a malinterpretarse. Monseñor Salinas explicaba el miércoles en la Cope que solo les unían lazos "profesionales", y defendió que el dossier del detective que les vigiló a ambos en el palacio episcopal no concluye "nada". Sin embargo, calló que durante semanas él y su secretaria de relaciones institucionales se intercambiaron dos alianzas con el nombre del otro grabado.

El obispo portaba la sortija con las letras "Sonia", y ella la suya con el nombre de "Javier" inscrito. Un gesto que denota más complicidad de la que pregona el obispo, y que tras desvelarlo este diario en su edición de ayer dejó impactada a buena parte del clero mallorquín, que lo ve impropio.


En la primera imagen, la mano del obispo solo con el anillo episcopal. En la siguiente foto se aprecia cómo también llevaba una alianza adosada. FUNDACIÓN CASA SERRA

Complicidad es la palabra que mejor define el vínculo que exhibían en público el prelado y su colaboradora, como en el viaje a Washington de los mallorquines que acudieron a la canonización de Junípero Serra, a mediados de septiembre. Valenzuela llevaba oficialmente unos quince días con el nombramiento en mano, y fue la sombra de Salinas. "Estaban casi siempre juntos y se les notaba mucha afinidad", coinciden en resumir dos miembros de la expedición.

Pendiente del prelado

"Ella estaba muy pendiente de él, de cómo iba vestido", y en ocasiones "incluso le tuteaba delante de la gente", muestra su extrañeza un integrante de la comitiva, católico practicante que "no sospechó nada raro" pero sí le "llamó la atención" que una mujer casada, alineada en las posturas más ultraconservadoras de la Iglesia, tuviera tanta intimidad con el líder de la Iglesia en Mallorca.

Sorprende también que el propio Salinas dijera en la emisora de los obispos que su secretaria solo le acompañó a "dos eventos de carácter eclesiástico", entre los que no desveló el viaje a EEUU para asistir a la misa con el Papa Francisco que proclamó santo al petrer.

Según Salinas, Valenzuela solo fue con él "a Petra el día de la Acción de Gracias a Junípero Serra", y otro día "a Lluc por los cien años de los Sagrats Cors". En los dos casos, fue una compañía que "no cayó bien a algunos miembros del clero", remachó, señalando que por ello "tuvo claro" que debía desprenderse de su ayudante, como así hizo.

Tampoco mentó que el detonante para prescindir de Valenzuela fue la denuncia que su esposo remitió al Vaticano y al nuncio.

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