Parados pero no pasivos

La obtención de un puesto de trabajo es la prioridad para muchos desempleados isleños que han optado por visitar empresas puerta a puerta, realizar cursos o buscar un futuro laboral ajeno a su especialidad

 06:30  
Ricardo Miret, Manuela Herrero y Fernando Chamorro.
Ricardo Miret, Manuela Herrero y Fernando Chamorro. G. Bosch
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F. GUIJARRO. PALMA No es lo mismo ser un parado que adoptar una actitud pasiva ante el revés que supone perder el empleo en mitad de la peor crisis económica de las últimas décadas. La búsqueda de un puesto de trabajo se ha convertido en la prioridad para miles de personas, y para conseguirlo muchos no dudan en realizar cursos, recorrer empresas puerta a puerta, competir con otros cientos de personas para hacerse con unos pocos puestos, aspirar a un futuro laboral lejos de las actividades que se habían desarrollado hasta el momento o incluso aceptar formar parte temporalmente de la denominada economía sumergida. Y todo por llevar un salario a casa.
DIARIO de MALLORCA ha reunido a cuatro personas que rechazan de forma tajante la idea de que muchos desocupados acuden a las oficinas del Soib solo a hacerse con la ayuda económica y sin aspirar realmente a reintegrarse en el mercado laboral. Los cuatro coinciden en un punto: están dispuestos a aceptar cualquier trabajo legal. Cualquiera.
Manuela Herrero nació en 1950, pero su veteranía no la ha restado ni un ápice de dinamismo. A lo largo de su vida profesional ha desarrollado numerosos trabajos: cocinera, limpiadora, camarera, telefonista, o cuidadora de enfermos son algunos de los que se pueden ver en su currículo. En su momento dejó su trabajo para dedicarse al cuidado de los hijos, y en 2008 se divorció. Ahora intenta encontrar un empleo, pero no solo para poder mantenerse a ella y a la hija con la que convive, con una ayuda de 400 euros que deja muy poco margen para ello. Su gran drama es que solo ha cotizado durante 18 años y medio, y le faltan 18 meses para tener derecho a una pensión contributiva cuando se jubile.
En esta coyuntura no cabe el desánimo. A sus 62 años se ha recorrido la Platja de Palma entera y, hotel por hotel, ha solicitado un puesto de trabajo sin éxito. Pero su curriculo está en manos de numerosas personas, porque no ha cejado en la búsqueda de un empleo. Pese a ello, en los últimos años solo ha podido disfrutar de una actividad durante los seis meses en los que trabajo de limpiadora de la mano del Imfof palmesano.
Lamenta la falsa imagen que su edad puede dar, porque si de algo presume es de su vitalidad. "No soy depresiva, así que cuando la moral flaquea, me voy a caminar para quitarme las penas". Y ella y su música hacen largos paseos por Palma, como una vía para volver a cargar pilas a la hora de seguir aspirando a un futuro laboral.
Cuando se le pregunta si ha recibido alguna oferta desde las oficinas del Soib, la respuesta es negativa, algo que va a ser una constante entre los cuatro entrevistados. En su caso, solo recibió un papel hace tres meses para que acudiera a un curso de orientación para crear una empresa. "Con 62 años y unos ingresos de 400 euros al mes, quieren que monte mi propio negocio", apunta con ironía.
Ricardo Miret nacio en 1968 y destaca con orgullo su currículo: se licenció en administración internacional de empresa en Londres (lo que le ha dado algún problema con la homologación), ha hecho un máster, habla inglés, francés e italiano e incluso desarrolló una parte de su vida laboral en el Parlamento Europeo, en Bruselas, realizando estudios para el grupo que promovió José María Ruiz-Mateos. Incluso ha impartido algún curso en la patronal Caeb. Entre sus últimos empleos está el de director general de una empresa de suministros de alimentación. Pero en 2008 esta sociedad cerró y se vio abocado al paro, a lo que se sumó un divorcio que no duda de calificar de "horrible".
Pero desde el primer momento puso en marcha la búsqueda de un empleo, aunque con escasos resultados. Su pérfil aparece en "40 bolsas de trabajo" por internet, se ha recorrido los polígonos industriales de la isla en busca de una oportunidad, ha buscado en los anuncios de periódicos y revistas, e incluso en los carteles que en ocasiones se ponen en plena calle. Incluso ha aprovechado las conversaciones en los bares, a los que acudía "no a beber sino a enterarme de posibles ofertas de empleo".
En su búsqueda ha pasado por el sector hotelero, por las empresas de transporte, por las grandes superficies comerciales, por las distribuidoras de alimentos y por cualquier firma con un departamento comercial y de operaciones.
Pero los resultados han sido muy escasos durante los cuatro años que lleva en el paro. Por ello, no se avergüenza al reconocer que incluso ha participado en labores de limpieza en el campo o que en alguna ocasión ha tenido que desempeñar alguna actividad puntual en la economía sumergida.
Por suerte para él, durante este tiempo ha tenido la ayuda de su pareja, una profesora interina cuyo futuro laboral también es incierto debido a los recortes que se están aplicando en Educación, y de los amigos. Pero eso no resta para que "haya tenido que estar varios días con dos euros en el bolsillo". Una experiencia especialmente dolorosa cuando le toca estar al cuidado de su hijo y se desea dar más de lo que está en su mano. Porque en su caso, no recibe ninguna ayuda pública. Y tampoco ha recibido la menor llamada del Soib para ofrecerle un empleo.
Ricardo Miret se suma a la afirmación de que está dispuesto a desempeñar cualquier trabajo legal. "Ahora mismo no tengo nada, así que con cualquier cosa salgo ganando". Y desde sus conocimientos en la gestión de empresa, no duda en criticar a aquellos empresarios que optan por recurrir a los despidos porque ello resulta más fácil que adoptar medidas para optimizar los costes, algo que en muchos casos achaca al desconocimiento.
Fernando Chamorro nació en 1972 y lleva menos tiempo en el desempleo. Perdió su puesto en Spanair cuando la compañía aérea cerró sus puertas hace medio año. Había empezado su vida profesional en esa misma empresa aunque con contratos temporales, lo que le llevó a pasarse a un empleo más estable en una empresa de autocares durante cinco años, para regresar posteriormente a Spanair ya con un puesto fijo. Cuando esta última trasladó su sede a Barcelona, él viajó también a la Ciudad Condal, aunque con constantes traslados a la isla para ver a su familia, porque está casado, tiene un hijo de cuatro años y espera a otro, cuyo nacimiento está previsto para dentro de un mes aproximadamente. Su esposa también está en el desempleo, y solo percibe una ayuda de unos 400 euros que está a punto de agotarse, que se suma a sus casi 1.000 euros de la prestación que cobra.
Como en los casos anteriores, no se ha quedado en casa esperando a que le llamaran. Ha visitado a todas las aerolíneas con oficinas en la isla, de las que solo obtuvo respuesta en Air Berlín, pero sin resultado dado que habla inglés, pero no alemán.
En el caso de Iberia, señala que se presentó junto a otras 200 personas para aspirar a 15 plazas de "maletero", de las que "11 ya estaban asignadas por una bolsa anterior, por lo que en realidad solo había cuatro puestos vacantes". El no fue uno de los afortunados.
También ha acudido a las empresas de transporte por carretera para intentar encontrar un puesto de chófer, sin resultado.
Para no estar sin actividad, se ha apuntado a un curso de inglés porque "si no practicas un idioma, se te oxida", y sigue esperando una llamada del Soib o del Imfof que no se produce. Su currículo también está en manos de empresas de trabajo temporal. A la vista de que algunos de sus excompañeros de Spanair han renido que desplazarse al extranjero para encontrar un futuro laboral, reconoce que está dispuesto a dejar el país para intentarlo. De momento, sigue intentando encontrar una plaza como técnico en dirección de operaciones, pero también como conductor de autocares.
¿Se puede caer en la depresión en esta coyuntura? Lo rechaza en rotundo. Porque la prioridad es sacar adelante al hijo que tiene y al que viene en camino.
José Cruz nació en 1961, es deliniante y ha trabajado durante 33 años para la misma empresa de un arquitecto. Pero el pasado mes de febrero se le comunicó su despido. Como en los casos anteriores, asegura que no se ha quedado en casa a esperar. "He trabajado toda mi vida, así que no sé estar quieto", subraya. Por ello, su búsqueda de un nuevo futuro laboral fue inmediata. Primero colocando tu curriculó profesional en numerosas bolsas de empleo de internet, pero a la vista de la dura crisis del sector inmobiliario, no limitándose a este sector.
De este modo, ha llamado a la puerta de empresas de seguridad, de Emaya o de la ORA. Pero además se ha apuntado a cursos sobre prevención de riesgos laborales, de diseño de páginas web y está a punto de empezar otro para poder trabajar como conductor de vehículos pesados, aprovechando que en su juventud se sacó todos los carnés de conducir. Tambien está en lista de espera en la escuela de idiomas.
No oculta que a su edad "da mucho vértigo" perder el empleo, pero también coincide en que no hay espacio para el desánimo. "Tengo un hijo de 22 años que acaba de terminar la carrera de idiomas, y otro de 10. A lo que aspiro es a poder darle al pequeño los estudios que he podido pagar al mayor".
Por suerte, este último empezará a trabajar como profesor de inglés a partir de septiembre, y su esposa es docente interina que no ha perdido su plaza.

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