SILVIA VELERT. PALMA
Las calles que rodean el bar España se convirtieron ayer al mediodía en un hervidero de personas que querían sumarse a la fiesta de San Fermín, que organiza la asociación de vecinos de Canamunt de sa Gerreria.
Desde antes de las doce los seguidores de este encuentro festivo, muchos de ellos con el tradicional pañuelo rojo, se iban acercando a la barra del establecimiento en busca de una refrescante bebida.
Los organizadores señalaron que no esperaban tanta concurrencia así que las provisiones de 3.000 litros de cerveza y vino se quedaron cortas. Tampoco importó porque entre los asistentes pudieron verse grupos que llevaban pequeñas neveras portátiles repletas de latas. La crisis despertó la imaginación para conseguir bebida más barata.
Las estrechas callejuelas situadas junto a la sede del Banco de España se convirtieron en un embudo en el que volaban los vasos de líquido espumoso. Por eso tanto la figura de San Fermín como los toros que le acompañaban tuvieron dificultades para moverse con facilidad. Incluso el santo sufrió la amputación de una mano durante su primer pasacalle lo que obligó a los artífices del chupinazo a dejarlo descansar en la calle Can Escursac para evitar más roturas.
El torero "Curro Poco" fue el encargado de pronunciar el pregón de la fiesta desde uno de los balcones ubicado encima del bar. No faltó un ¡Salut i festa! antes del chupinazo ovacionado por un público entregado no solo formado por pamplonicas sino también por muchos mallorquines y extranjeros. Una gran parte de ellos acuden desde que empezó a celebrarse hace catorce años.
Los turistas que paseaban por las concurridas calles Colom y la plaza Major se veían sorprendidos por el bullicio y decidían adentrarse desde la estrecha Monges.
Tras el pregón, "Curro Poco" y los pasodobles de la charanga "Los Burruños" se mezclaron con los asistentes. En teoría tenían que dar cuatro pases o vueltas por las calles Can Escursac, Sant Bartomeu, Vicenç Mut y Banc desde las doce a las dos del mediodía pero las aglomeraciones obligaron a reducirlos.
La seguridad fue uno de los motivos ya que la pirotecnia que lanzaban las carretillas de los toros resultaba peligrosa. Rozaba al público que se amontonaba alrededor de la bestia taurina y su cuadrilla.
Dificultad de paso
En uno de sus pocos descansos, "Curro Poco", el torero con el que muchos querían hacerse una foto, explicó que cada año resulta más complicado llegar a la esquina en la que está situado el bar España así que opta por darse un respiro en la calle Can Escursac.
Un delfín hinchable fue lanzado por los aires y se convirtió en un objeto de diversión más. Para combatir las elevadas temperaturas del mes de julio al mediodía algunos vecinos lanzaron desde los balcones grandes cubos de agua que llegaron como una bendición de San Fermín entre los acalorados participantes. Los organizadores instalaron un par de baños públicos portátiles en una de las calles del recorrido.