MAR FERRAGUT. PALMA
Londres. Cinco días. 33 estudiantes. Cuatro profesores. Y mucha diversión. Todo iba bien en el viaje de estudios de los alumnos del instituto Berenguer d´Anoia de Inca. Aterrizaron en la capital del té y el fisch and chips el viernes de la semana pasada, dispuestos a pasarlo bien y aprovechar su estancia. Pero todo lo bueno se acaba y a las siete de la tarde del martes llegaban al aeropuerto, ya dispuestos a volver a Sa Roqueta. No sabían que la vuelta se les iba a complicar hasta lo indecible, transformándose en una odisea que ríete de Ulises.
Un aviso de megafonía les dio la mala noticia: su vuelo, con la aerolínea EasyJet, no podía salir. ¿Por qué? Por que los controladores franceses estaban de huelga y los vuelos se estaban cancelando por decenas. En el avión sólo viajaba el grupo inquer y otra familia más, que quedaron desolados al verse atrapados en Londres. Estuvieron en el aeropuerto hasta medianoche, esperando una solución. Hubo lloros, malas caras y mucha preocupación: de los profesores, de los chavales y, a la distancia, también de los padres, que recibían consternados llamadas de sus hijos diciendo que no podían volver.
Así lo explicaba la madre de una alumna que se puso en contacto con este diario para "intentar hacer ruido" y denunciar la situación de desamparo en la que quedó este grupo de estudiantes y sus profesores.
En torno a las doce de la noche del martes, la compañía les reubicó en varias habitaciones en un hotel cercano al aeropuerto. El hotel estaba muy bien, de cinco estrellas y tal, pero ellos solo querían volver cuanto antes. Según explicó una de las alumnas afectadas, a muchos de los chavales ya no les quedaba mucho dinero. Y Londres no es una ciudad barata. Tras haber dormido algo, ayer pusieron sobre la mesa las distintas alternativas posibles para iniciar el regreso a Mallorca. No eran muchas.
La compañía les propuso coger un autobús hasta Manchester y de ahí volar a Palma. Esta opción sonaría bien, si no fuera porque les querían hacer esperar hasta el lunes de la semana que viene para volar, es decir, que se verían obligados a alargar el viaje casi una semana más de lo previsto y a pasar las fiestas de Semana Santa fuera y a olvidarse por tanto de cualquier plan que tuviesen para estas vacaciones alumnos y profesores.
Eligieron el otro camino, que era mucho más pesado, pero que al menos les garantizaría poder llegar antes a casa: ir en autobús hasta Barcelona y de ahí coger un vuelo hasta Palma.
Los mallorquines ya tenemos interiorizados los problemas de la insularidad y con este conflicto vemos que viajando de isla a isla los obstáculos se multiplican por dos. Al menos Inglaterra tiene el Eurotúnel. El plan era coger el tren del Eurotúnel y ahí subir al autobús en dirección a la ciudad condal.
Al final, decidieron ir en ferry hasta el continente, en un trayecto que dura unos 45 minutos. A las siete de la tarde, se subieron al autobús, para un viaje de nada más y nada menos que 17 horas. Eso es mucho para cualquiera, y ya no hablemos para los mallorquines, acostumbrados como estamos a las distancias más bien cortas. Su llegada está prevista para las doce del mediodía de hoy. En ese momento ya estarán en España, pero aún les quedará dar el salto final. Y en principio el vuelo en el que podían meterse sale a las nueve y media de la noche. Así que aún tendrían que esperar casi diez horas más en el aeropuerto de El Prat.
Con todo, este grupo habrá realizado un tortuoso viaje por tierra, mar y aire de más de 48 horas para poder llegar a su isla, a su municipio, a su casa, a su cama. "Es muy fuerte la falta de respuestas recibidas", criticaba la madre de una estudiante, "pero les decimos que se lo cojan un poco como una aventura".
Entre los chavales, algunos intentaron ver el lado bueno del asunto y se cogieron el percance "como una experiencia nueva", pero otros se mostraban más cansados y sin aliento. Los primeros intentaban animar a los segundos y entre todos sacar algo bueno del retorcido final de un viaje de estudios que seguro que no olvidarán.