MAR FERRAGUT. PALMA.
Cuando Manassero habla del rechazo a lo que viene de fuera, Lozano interviene rápida para soltar un tema que parece que le quema: "Como lo que está haciendo Sarkozy con los gitanos en Francia; una política que está haciendo muchísimo daño porque se está dando por bueno y vamos a imitarlo porque nos conviene, porque si vemos a los de fuera como una amenaza y una potencia como Francia está mandando a los gitanos a ´su casa´ ¿Por qué no vamos a hacer lo mismo los españoles? Ese discurso está calando", alerta la psicóloga, que cree que la crisis "puede sacar lo peor de la condición humana".
La consellera cree que aquí ya hemos tenido el caso de la polémica por el burka (con el que no está de acuerdo): "Se ha hecho de lo diferente la polémica; la derecha ha aprovechado para introducir elementos de distorsión". Es muy consciente de que los políticos deben "ser diferentes y no manejar discursos xenófobos" y alerta del riesgo de que algún partido intente apoyarse en esa baza de la xenofobia para ilusionar a una sociedad desencanta. "Ojo con Le Pen", apunta Mullor, refiriéndose al líder galo de la extrema derecha.
En el país vecino hemos visto revueltas en los barrios donde viven una mayoría de inmigrantes. Trincheras urbanas, contenedores quemados e incluso un debate sobre qué es ser realmente francés. ¿Viviremos aquí situaciones similares?
Lozano cree que los comentarios xenófobos no son mayoritarios, "pero empiezan a oírse". Para la catedrática de psicología social las alarmas tienen que empezar a saltar cuando se oigan de la boca de personas que "no compiten con los inmigrantes", personas de más formación o clase social. Para el trabajador del IMAS, esto no llegará a ser Francia porque también hay otra "concepción del Estado". Manassero recuerda además que en el país vecino van por la "tercera o cuarta generación de inmigrantes, que son las más problemáticas porque si no se hace un trabajo previo luego tienen problemas de identidad social".
La responsable de Inmigración aborda una cuestión importante y es que el problema no es intolerancia a lo diferente si no "temor a la inseguridad por la falta de oportunidades". Por ello, ella apuesta por enviar un mensaje claro: "El trabajador nacional tiene los mismos problemas que un trabajador inmigrante, por lógica la solidadaridad entre ellos debería ser mayor que entre el nacional y el dueño de un banco, por español que sea". Manassero cree imposible el sueño de la consellera: "Los grupos funcionamos por identidades".