INFRAESTRUCTURAS. el ministro que quiere recortar el descuento de residente es aún el que mejor ha tratado a las islas
ALBERTO MAGRO. PALMA.
El mismo día en que José Blanco anunciaba el indulto por parte de su ministerio de obras en la península por valor de 700 millones el responsable de Fomento azotaba Balears con una bomba informativa: en los próximos presupuestos se recortará el descuento en los vuelos de los residentes. La reacción fue inmediata. Y unánime. Empresarios, políticos, portavoces sociales y vecinales, sindicatos, ciudadanos de impuestos al día e incluso un Govern del mismo color que el del ministro Blanco cargaron todos a una contra la última idea del Gobierno para apretar el cinturón del gasto estatal en la ya escurrida cintura balear. Unos y otros denunciaban sin fisuras la "discriminación", la "ocurrencia", el "abuso" o la inoportunidad de una medida "inaceptable".
¿Exageraban? A la luz de los datos, no. Porque llueve sobre mojado: en esta década Mallorca y las Balears destacan a la cabeza de un ranking sin lustre, el de las comunidades que menos dinero e inversiones han recibido del ministerio que hoy dirige José Blanco y en los últimos años tuvo también al frente a Francisco Álvarez Cascos (PP, 2000-2004) y Magdalena Álvarez (PSOE, 2004-2009). Las adjudicaciones documentadas por Fomento desde principios de 2002 ofrecen una fotografía descorazonadora para el archipiélago: con 652,7 millones de euros destinados a obras, Balears aparece hundida al fondo de la tabla que acompaña a esta información, la de inversiones del ministerio por comunidades. Solo La Rioja obtuvo menos (435 millones), pero es que la comunidad uniprovincial riojana alberga a una población inferior a la de la ciudad Palma.
Por eso el abandono histórico de Balears por parte de los tres últimos ministros de Fomento queda aún más patente cuando se analizan las adjudicaciones por habitante. Ahí la brecha se hace abismo: los 590 euros por balear que ha destinado el ministerio a ejecución de obras desde 2002 son migajas para autonomías que reciben más de 2.000 por hijo de vecino como Asturias, Castilla y León, Andalucía, Galicia y Aragón (por ese orden, el que figura en la gráfica detallada que acompaña a esta información). De ahí que extrañe poco que esta misma semana los portavoces en Mallorca de partidos tan dispares como PP, UM, PSM y UPyD coincidiesen en analizar para este periódico con la misma expresión la intención de Fomento de revisar las subvenciones a los vuelos: "Nos toman otra vez el pelo", calcaban unos y otros, tan poco dados a compartir pareceres.
Las razones del abandono
Aunque más interesante que la descripción del desequilibrio quizá sea el análisis de sus causas. Sobre todo ahora que el ministerio de Fomento amenaza con meterle mano a su principal inversión en las islas: precisamente esos 132 millones de euros que dedica cada año (según datos de 2009) al descuento de residente del que se benefician los pasajeros del archipiélago que viajan en avión. Porque si bien es cierto que solo Canarias, Ceuta y Melilla disfrutan del mismo privilegio aéreo, no menos cierto es que esos cuatro territorios por lógicas razones de aislamiento e insularidad son excluidas sistemáticamente del resto de medios de transporte que contribuyen a financiar.
Empezando por el AVE. El costosísimo tren que hoy comunica a velocidad de avión Málaga, Sevilla, Valladolid y Barcelona con Madrid (y pronto hará lo propio con Vigo, Bilbao o Gijón, por citar las tres mayores ciudades del noroeste peninsular) no cruza, por razones que a ningún mallorquín se le escapan, un kilómetro de Balears. Pero las islas si cuentan con una red interna de ferrocarril de 115 kilómetros que desde 2002 no ha visto ni uno solo de los 24.300 millones de euros que ha pagado directamente Fomento por la red de vías que inerva y muscula toda la península.
Comparaciones odiosas
De ahí que se llegue a comparaciones odiosas que rozan lo risible: como los 2,2 kilómetros de AVE gallego que se pagan con lo que cuesta cada año el descuento de residente de Balears. O como los apenas 4 kilómetros de autovía que se podrían trazar, asfaltar y pintar en el País Vasco (donde les cuesta 35 kilos cada kilómetro) con los 132 millones que utiliza Fomento para abanor el 50% del coste de los 3,9 millones vuelos nacionales que hacen los al año los residentes de Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera.
Y más preocupante aún es la escasa inversión de Fomento en los muelles y dársenas del país. Porque en este caso Balears sí tiene puertos. Concretamente cinco, que no le bastan para captar euros suficientes como para salir del tercer lugar por la cola que ocupan en el orden de prioridades de Fomento. El ministerio hoy presidido por José Blanco ha fundido en el último decenio 5.038 millones de euros en obras y ampliaciones de los puertos de las once comunidades españolas que crecen a orillas del mar. De esa cantidad a Balears le ha llegado un 3%, 169,8 millones que hacen nuevamente de las islas la hermana pobre de la bien alimentada península. Porque por cada euro que llegó a orillas del Mediterráneo balear Fomento fletó cuatro en la Galicia del ministro Blanco y en la Asturias del ex ministro Cascos. Y cinco en la Andalucía de Magdalena Álvarez, la malagueña que precedió a Blanco.
Pero ni Mallorca ni Balears han tenido ministro de Fomento en este decenio. Quizá por ello en Madrid hicieron oídos sordos a las reiteradas peticiones de ampliación de un puerto de Palma que el empresariado y gran parte de la clase política consideran estrangulado. La obra obligaría a desembolsar mil millones, según las estimaciones del presidente de la Autoridad Portuaria, que en lugar de esa suma gruesa y soñada gestiona en Mallorca como inversión más ambiciosa los 36 millones que costará el nuevo muelle de Ponent. Y eso es una minucia si se compara con los 789 sobre los que se levantará el puerto exterior de A Coruña o con los 3.000 que acabará engullendo hasta 2020 la faraónica ampliación portuaria de Valencia.
Blanco, el ministro más ´balear´
Por eso a Balears solo le quedan los cielos y los aviones que los surcan para suturar la cicatriz inversora que la separan de los territorios más mimados por Fomento. Ese honor recae en dos feudos socialistas (Andalucía y Cataluña) y en la Galicia natal de Blanco, que lideran la lista de adjudicaciones desde que el actual ministro tomó posesión en abril del año pasado. Llama de hecho la atención el giro en las prioridades que supuso el desembarco galaico en el ministerio: la patria del Xacobeo ha pasado de estar (con Balears) en la cola de inversión en tiempos de Magdalena Álvarez a ser la más favorecida por la lluvia de millones de Blanco. Aunque, como a Galicia, hasta ahora a Balears no le ha ido mal con el ministro gallego. Hasta ahora. O más bien hasta el día que decidió indultar obras en la península en la misma comparecencia en la que dejaba en el aire el futuro del descuento de residente, amenaza que le ha granjeado las críticas incluso del Govern también socialista de Antich. No en vano, el cambio de rumbo puede suponer que el ministro que ha multiplicado por diez con respecto a tiempos de Aznar las inversiones de Fomento en las islas pase a la historia como el político que recortó el único privilegio insular: el descuento en los vuelos.