Universidad. Un campus Intergeneracional
MAR FERRAGUT. PALMA.
"Pero... ¿tú sabes dónde te metes?", le dijeron en su casa. En realidad Milagros no lo tiene muy claro, pero la ilusión la empuja: "Una vez que estás en el tren, hay que tirar para adelante". Su tren es la Universidad y su viaje es más especial que el del resto de estudiantes ya que Milagros tiene 47 años. Calcula que alcanzará su destino, el título de Administración y Dirección de Empresas, como muy tarde cuando cumpla los 57.
Milagros Bertos es una de las 69 personas con más de 40 años que se han aprovechado de la nueva puerta que les ha abierto la Universitat de les Illes Balears (UIB) sin necesidad de examen y valiéndose de su experiencia profesional. Energía, ilusión y ganas de aprender combinado con trabajo y responsabilidades familiares son algunas de las características de los casos de esta página.
"Si hace medio año me hubieran dicho que me convertiría en universitaria, no me lo hubiera creído, pero si no lo hago ahora no lo haré nunca", explica. Seguramente, si se lo hubieran dicho en algún momento de aquellos doce años que fue ama de casa, su incredulidad hubiera sido aún mayor. Su espíritu inquieto la animó a buscar un empleo, y lo fue compaginando con cursos de informática, de catalán, oposiciones... Desde hace años, trabaja en la secretaría de dirección de Son Dureta y ahora, con los hijos ya crecidos, ha llegado su momento.
"Es una asignatura pendiente", explica Milagros, que no pierde de vista que "trabajar y estudiar es duro". Da por sentado que profesionalmente le ayudará a progresar y a hacer mejor su trabajo; a nivel personal, cree que será "muy importante" el intentar superarse. Además sabe que se sentirá más joven al alternar por el campus con personas con un par de décadas menos (incluyendo a un hijo suyo).
El vicerrector de Estudiantes y Campus de la UIB, Cels García, hizo la entrevista final a estos aspirantes y se encontró con historias de todo tipo: desde prejubilados que quieren estudiar por el placer de saber y funcionarios que buscan ascensos, hasta muchas mujeres que en su momento no pudieron estudiar. Flora Rexach es una de ellas. Con 44 años, va a ir a por el título de Geografía, ya que maneja conceptos de urbanismo, cartografía, recursos hídricos y otros al trabajar en la Agencia Balear del Agua y tras pasar por ordenación del territorio.
Al igual que le sucede a Milagros, Flora sabe que puede cruzarse con su hijo por el campus y que igual contará con algo de desventaja respecto a los estudiantes llegados de Bachillerato "que lo tienen muy fresco", aunque ella ha ido haciendo asignaturas universitarias a distancia. Esta mujer de Porreres se ha lanzado a esta aventura porque si algo le apetece, "siempre" lo intenta y por que sabe que en su casa le apoyarán. Aún así, no puede evitar estar "algo nerviosa" por el primer día de clase.
La que también está algo tensa por la ´vuelta al cole´, es Konxi Amat, de 46 años, pero las ganas superan a los nervios: "Cuando me dijeron que me aceptaban, fue como si me hubiera tocado la lotería". Esta técnica en curas auxiliares de Son Dureta no ve el momento de poder empezar a practicar lo que tantas veces ha visto hacer a las enfermeras. Quiere ser una de ellas y está convencida de que su bagaje como auxiliar hará más fácil su integración con sus jóvenes compañeros de aula: "Yo puedo aportar experiencia; ellos me enseñarán muchas cosas y me darán vitalidad".
Y lo dice una mujer que desprende energía y que asegura "estar acostumbrada a hacerlo todo tarde": se sacó un título de FP después de haberse incorporado al mundo laboral y tras haber tenido a su primer hijo y al segundo lo tuvo a los 42 años. Konxi sabe que tendrá que hacer acopio de toda sus fuerzas, pero está tranquila porque sus compañeros de trabajo han dicho que le ayudarán con todo y en casa sabe que tiene el respaldo de su pareja, "que cumplirá". Su hija está encantada de tener una madre estudiante como ella: "Haremos los deberes juntas", le dice. Konxi espera ese momento y sólo confía en "tener paciencia y no cansarse".
"No puedes dedicarte como un estudiante joven, he cogido cuatro asignaturas para ir cogiendo el ritmo", razona Rosalía Argemí, que el curso que viene se embarcará en la aventura de combinar los estudios de Trabajo Social con su trabajo en el área de facturación de Son Llàtzer y la tarea de educar a sus dos hijos de 14 y 9 años. Reconoce que no sabe de donde sacará el tiempo, pero ríe sin parar mientras habla del tema porque una experiencia así "te pone las pilas" y porque tiene "la fuerza y las ganas". Confiesa que se siente "como una niña pequeña" y que está tan entusiasmada con su nuevo estatus que lo primero que hizo tras matricularse fue sacarse la tarjeta de estudiante para el autobús. Está encantada con esta oportunidad que le han dado a las personas de 40 años y le parece de lo más lógica. "Cuanto tenía la edad de estudiar no tenía tan claro qué me gustaba, ahora tras diez años en sanidad, sé que me gusta el trato al paciente", razona.
Milagros, Konxi, Rosalía, Flora y el resto de sus compañeros de cuatro décadas son la demostración de que la frase del ´nunca es tarde´ no por manida deja de ser menos cierta.