Josep Oliver. Presidente de la patronal Caeb
F. GUIJARRO. PALMA.
Josep Oliver
Nació en Palma en 1934. Ha desarrollado su carrera profesional en el sector del turismo. El pasado jueves fue reelegido para un quinto mandato como presidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Balears (Caeb), y previamente había ocupado la vicepresidencia de la Federación Hotelera de Mallorca.
Josep Oliver ha sido reelegido esta semana por aclamación y sin necesidad de recurrir a votación para iniciar un quinto mandato al frente de la patronal Caeb.
–Al final de este nuevo mandato, llevará 20 años al frente de la Caeb. ¿Deja la puerta abierta a una sexta candidatura?
–Llevo 16 años en la presidencia y la verdad es que me siento bien, con la misma ilusión del primer día o incluso más, porque ahora tengo más conocimientos de la problemática empresarial que cuando llegué. Se trata de un periodo que me ha enriquecido personalmente de una forma tremenda. Pero aunque nunca hay que decir nunca jamás, por el orden natural es probable que sea mi último mandato. De todas formas, es muy difícil hacer previsiones a cuatro años vista.
–En esta ocasión, su reelección ha venido precedida de tensiones con algunas asociaciones sectoriales, como la de las cadenas hoteleras, a las que ha tenido que conceder una vicepresidencia.
–Es un tema pasado en el que no quiero entrar. Ahora estamos todos juntos y somos compañeros de viaje. Lo importante es lo que nos une, y si algo nos ha separado en el pasado, se queda para la historia.
–Uno de los aspectos que se le han reprochado es una actitud poco beligerante hacia las Administraciones isleñas. ¿Durante una crisis económica en la que el sector privado esta muy debilitado y muchas empresas necesitan de las inversión públicas, es posible esa actitud crítica?
–Las Administraciones tienen sus obligaciones y tienen que tratar de cumplirlas. En un momento en que la iniciativas privada falla, deben de salir al rescate. Es cierto que hay que entenderse con ellas, pero no lo es menos que también se debe exigir que cumplan con sus obligaciones, como agilizar las tramitaciones y ofrecer seguridad jurídica, evitando episodios desagradables que aunque posteriormente se solventen, pueden suponer la pérdida de un tiempo precioso. Hoy la economía no puede perder ni un minuto.
–¿Los actuales equipos de gobierno han estado a la altura? Estoy pensando en la Ley del Suelo que sigue sin aprobarse o en la línea de tren hasta Alcúdia sobre la que sigue sin haber acuerdo sobre su trazado.
–Hubiera sido deseable que en algunas cuestiones se hubiera actuado con mayor celeridad. En algunos casos, educadamente, hemos protestado y también en ocasiones hemos conseguido cosas, de las que no hemos necesitado hacer gala.
–Uno de los proyectos más reclamados, como fue el Decreto Nadal para potenciar la modernización hotelera, no ha tenido los resultados esperados.
–El llamado Decreto Nadal, en su diseño y objetivos era bueno, pero le ha fallado algún detalle complementario y veremos si en un futuro próximo se puede corregir con una ley. Lo lamentable es que se creen falsas espectativas, ya que si se hace y se ven frustradas, es muy difícil que se puedan recuperar en el futuro. Y estoy pensando en esas modernizaciones de la planta hotelera.
–Esta legislatura ha quedado marcada por los casos de presunta corrupción. ¿Hasta qué punto han afectado a la economía y a las empresas isleñas?
–Ha sido muy lamentable. Aunque no ha trascendido a nivel internacional, sí ha tenido repercursión nacional. Antes, cuando viajabas por España, la gente te decía lo bien que vivíamos en Balears. Este tópico ha cambiado, y ahora lo que te preguntan es qué puñetas está pasando en las islas. Se ha registrado un cambio en nuestra imagen que no es en absoluto positivo. Sin ninguna duda, lo que está sucediendo tiene efectos sobre la economía balear, como cualquier situación que evite el normal funcionamiento de las Administraciones. La repercusión es negativa.
–La conselleria de Turismo, el principal motor de la economía isleña, aparece como la más afectada.
–En una legislatura hemos tenido cuatro consellers de Turismo, pero no hay que olvidar que en una situación de crisis también llevamos tres en la de Trabajo. Es verdad que en esta última los relevos han sido menos traumáticos, pero en la de Turismo han sido muy importantes. Sin ninguna duda, ojala no hubiéramos llegado a estas situaciones.
–Uno de sus vicepresidentes, Sebastià Pastor, lamentaba esta semana el trato que habían recibido algunos de los empresarios de la construcción durante su detención. ¿Se suma a esta queja?
–Prefiero no hacer valoraciones sobre temas judiciales. Pienso que la justicia debe ser igual para todos y que se deben respetar las decisiones que adopta.
–¿Balears padece problemas estructurales que harán más difícil su salida de la crisis?
–Hay muchas opiniones, pero en lo que todos podemos coincidir es que hemos tenido una época de vacas gordas, con excesivas facilidades crediticias que nos llevaron a un consumo fuera de lo normal. Lo cierto es que la crisis está siendo más profunda de lo que incluso yo creía en un principio. La salida va a ser lenta. Para volver a alcanzar velocidad de crucero y estabilizar el desempleo y el consumo, creo que harán falta al menos dos años, aunque no espero nuevos retrocesos.
–Hay varias medidas sobre la mesa que están generando fuertes debates. ¿Qué piensa de la subida del IVA?
–Es un error. Cuando se aprobó a finales de 2009, el Gobierno creía que la salida de la crisis iba a ser más inminente. Como mínimo, se debería de haber aplazado.
–¿Las empresas desean tener trabajadores de 67 años?
–Hay actividades en las que se podría aplazar la edad de jubilación, pero a cambio de que se ofrecieran compensaciones tanto al trabajador, como una mejora en su futura pensión, como a la empresa, como reducir la cotización de estas personas. Lo que no debería hacer el Gobierno es lanzar estas cuestiones como un globo sonda sólo para comprobar como reacciona la sociedad.
–¿La reforma laboral debe de abaratar el despido?
–Se deben respetar los derechos adquiridos, pero el objetivo debe de ser eliminar rigideces y facilitar la contratación. Pienso que una indemnización de 45 días por año trabajado es excesiva, pero el principal problema radica en la lentitud con que se refrendan los ceses en la contratación incluso cuando vienen pactados con trabajadores y sindicatos.
–Si estuviera en la situación de Gerardo Díaz Ferrán dimitiría en la CEOE?
–Nadie ha pedido su dimisión en la CEOE. Pero no espero estar nunca en su situación, porque no soy un empresario de su tamaño.