Convulsión política. La ex dirigente de UM compareció vestida de negro riguroso y gafas de sol
M. MANSO / J.F.M / F.A. PALMA.
Maria Antònia Munar es una figura de alto voltaje. Nada más atravesar el umbral de los juzgados de Vía Alemania, a las diez menos cuarto de la mañana, se desmayó el sistema informático. Entre bromas, los funcionarios atribuyeron la avería a una subida de la tensión provocada por la ex presidenta del Parlament. El fiscal anticorrupción, Juan Carrau, se apresuró a desdecir los rumores y aclaró que el programa Minerva –controla las buscas y capturas, entre otras cosas– suele colapsarse a menudo. En Vía Alemania todo guarda un aroma decimonónico, peleado con la alta tecnología.
Los ordenadores no fueron los únicos que se cayeron. La estampa de la imperturbable Maria Antònia Munar, forjada tras décadas en el escalón más alto de la política mallorquina, también se derrumbó. Sucedió en el tramo final de su declaración ante el juez Juan Ignacio Lope Sola. Hasta entonces había hecho gala de la entereza y desenvoltura que se la presupone. "Ella sí sabe declarar", coincidían los abogados que entraban y salían de la sala. Antes de empezar a responder, Munar había sacado de su bolso color beige un vaso y una botellita de agua para aclararse la voz. Cuando lo consideraba oportuno, consultaba las notas de su carpeta y contestaba sin titubeos. En resumidas cuentas, insistió en que desconocía los tejemanejes en torno a la productora Video U, y juró no saber nada de que dicha empresa empleaba a gente de Unió Mallorquina. "El cargo de Presidenta del Consell es de representación, no gestiona el día a día", se excusó después de casi tres horas de explicaciones. A su ´mayordomo´ en la institución insular hasta la pasada legislatura, Miquel Nadal, le cargó el ´muerto´. Durante todo el tiempo, Munar se había dirigido al juez, al fiscal y a los abogados como si estuviera hablando a la oposición en un pleno del Consell. Pero Carrau le replicó como no lo había hecho hasta entonces ningún rival político. Solicitó 450.000 euros de fianza y 2,6 millones por responsabilidad pecuniaria. En ese momento se resquebrajó el rostro de la ex presidenta de Mallorca. Su genio, inalterable desde que accedió a la alcaldía de Costitx a los 23 años, se desvaneció y las lágrimas corrieron por su rostro. Sin aspavientos.
Aunque Munar había conseguido tumbar el sistema informático, su entrada ayer en los juzgados no desprendió el glamour de su visita al Tribunal Superior de Justicia de Balears, en noviembre, cuando repartió besos y saludos. Esta vez no hubo nadie para aplaudirla. Llegó en un cuatro por cuatro conducido por su marido, vestida de negro riguroso, con gafas de sol. ¡"Ya no dices lo de aquí a Hollywood!", le gritó una espontánea. El jefe de seguridad de los juzgados, José Antonio Nieto, más conocido como Primo, impidió que tropezara con el cable de una cámara. Su abogado, Gabriel Garcias, se quejó del pisotón de un periodista al salir del ascensor.
La expectación por ver a la ex presidenta ante el juez no fue nada del otro mundo. Dos señoras jubiladas, bien peinadas, de buena cuna, intentaron sin éxito colarse hasta el fondo del pasillo de la tercera planta, donde Munar departía con su letrado. La larga espera venció la curiosidad de las dos jubiladas y se fueron a casa. Sin embargo, la tensión acumulada durante toda la jornada pasó factura a los allegados de la ex presidenta del Parlament y un familiar cercano sufrió una afección.
Gracias a la abundancia de casos de corrupción, la ex presidenta coincidió en el mismo edificio con el ex conseller de Turismo Francesc Buils. En una planta más abajo, el fiel escudero de Munar estaba pasando por un trago de hiel mucho peor que el de su jefa. Venía de hospedarse dos noches en los calabozos de la policía y de vez en cuando solicitaba un receso a la jueza para refrescarse la cara y aliviar la vejiga. A pesar de estas circunstancias, Buils conservaba un gesto entero.
No así el empresario de la comunicación y promotor inmobiliario Jacinto Farrús, mucho más demacrado. Su compañía SBT elabora los informativos del canal autonómico IB3 y por ello cobra 10,8 millones del Govern balear. Según el comité de empresa, el empresario utilizaba a una treintena de empleados de SBT para desarrollar trabajos en otras sociedades suyas, de modo que los costes salariales corrían a cargo de las cuentas autonómicas.
Farrús y Buils continuaban en los juzgados cuando Munar abandonó el edificio. Su salida no estuvo exenta de contratiempos. Las cámaras volvieron a abalanzarse sobre la figura de la ex presidenta. Estuvo un instante desorientada hasta que apareció el cuatro por cuatro de su marido, también imputado por el ´caso Maquillaje´. En el restaurante Ratatouille, a un minuto del vehículo en donde montaba Munar, servían ayer el menú ´Maquillaje´. Incluía sopa de miso.