M. FERRAGUT/L.MARINA. PALMA.
La Policía sí que sabe cómo llegar a fin de mes. En la Jefatura hace ya varios años que tienen que tirar del embutido más barato del mercado para alimentar a los habitantes transitorios de unas celdas cada vez más pobladas. Los políticos y empresarios que en los últimos meses han ido desfilando por los calabozos de la Jefatura han tenido mala suerte: si les hubieran detenido hace unos cuantos años en vez del ya mítico bocadillo de mortadela, hubiesen podido disfrutar de raciones calientes, en su plato y con sus cubiertos.
Un presupuesto reducido para comida y nuevas medidas de seguridad –redactadas cuando se dieron cuenta de que quizás no era buena idea que los detenidos manejaran cuchillos, tenedores y cucharas– motivaron la sustitución del menú de plato por los bocadillos de mortadela, sin tomate ni aceite. Para dar opción a elección (porque en la variedad está el gusto) y poder atender también a los detenidos musulmanes que no comen carne de cerdo, también se ofrecen bocatas de queso. La tercera alternativa vela por los niveles de calcio de los detenidos: un vaso de leche.
Los ciudadanos de a pie desconocíamos qué se cuece en los fogones de la calle Ruiz de Alda hasta las detenciones en agosto de la Operación Espada (Palma Arena). Entonces se descubrió un menú austero que ya han podido saborear numerosas personalidades políticas y del mundo empresarial empujados por la Operación Voltor (Inestur).
Continuando con nuestra crítica gastronómica carcelaria cabe destacar que la dieta no siempre fue tan escasa. Años ha, cuando los calabozos estaban en la sede de Delegación de Gobierno, los detenidos podían disfrutar hasta de una buena sopa de pescado.
La concesión del servicio de alimentación en los calabozos de la Jefatura de Policía la llevan los mismos responsables de la cafetería, cinco pisos más para arriba. Los detenidos no son los únicos que degustan la mortadela con pan, ya que también se venden para que los agentes estén bien nutridos. Los susodichos aseguran que los bocatas "están buenísimos".
La mortadela es barata, pero no tiene porqué ser mala. En la charcutería hay gran cantidad de variedades de este embutido y muchas variaciones en su precio. Así, por ejemplo, la más económica es la de marca blanca de cualquier supermercado que venden ya cortada y envasada: 0,95 euros por 250 gramos, lo suficiente para hacer unos cuantos bocatas. Al corte, el kilo de Siciliana de Campofrío se vende a 3,36 euros; si tiene aceitunas, nos ponemos en los 4,94 euros. Las más delicatessen son las italianas y las alemanas. Cien gramos de este embutido cuesta 2,45 euros si procede de Westfalia. Algunos bares de Palma no contemplan la mortadela en su oferta; en los que sí lo hacen, cuesta unos 2,5 euros.
La mortadela puede ser buena, bonita y barata pero bocadillos de mortadela para desayunar, comer y cenar durante tres días (tiempo máximo que permanecen los detenidos hasta pasar a disposición judicial), quizás sea demasiada mortadela.