Convulsión política. El president no puede alegar ignorancia sobre el funcionamiento de Turismo
MATÍAS VALLÉS
Inexperto en el ejercicio de la doblez, Francesc Antich comentó las detenciones de ayer con un énfasis impostado en el segundo conseller de su equipo –aparte de dos directores generales– que pisa los calabozos para responder de su gestión durante la actual legislatura. El president se estrenaba en la ocultación a gran escala tras el humo de sus cigarros encadenados, porque las tribulaciones de Francesc Buils palidecen frente a la caída de Jacinto Farrús, amiguito del alma de la primera autoridad de Balears. Será que la amistad propicia la amnesia, resulta más difícil olvidar a los enemigos.
Operación Voltor es un presunto diseño de UM para favorecer al mejor y casi único amigo de Antich. La conexión de Pina, donde reside Farrús, los almuerzos sabatinos en s´Hostal d´Algaida –lugar envidiable para ese ágape–, la relación prolongada a las cónyuges y a los familiares que practican la equitación conjuntamente. Puede que nunca hablaran de negocios, aunque el empresario del ladrillo mediático se vio favorecido con la mitad de IB3 y con un lote clave del ParcBIT, por no hablar de la dirección del ente televisivo.
Pese a la indiferencia con la que revistió su cargo hasta que expulsó a UM del Govern, el president tampoco puede alegar ignorancia sobre el funcionamiento de la conselleria de Turismo. Al margen de la responsabilidad que pretende esquivar con su habilidad de ducho actor secundario, había sido alertado sobre las prácticas habituales en ese departamento. Si Catalina Cirer es responsable de Rodrigo de Santos, cuesta concluir que Antich podría mantenerse ajeno a la única cartera de su ejecutivo que no resulta superflua en Balears. Por eso mismo, las detenciones de ayer colocan a la legislatura al borde de la disolución, con mayor impacto que la caída de Munar.
Antich tiene menos morbo que Farrús, digitado por Jaume Matas para fabricar un sustituto de Pedro Serra. Eran los tiempos en que el entonces president intentaba engañar a su gran amigo Pedro J. Ramírez, negándole que el editor a reemplazar estuviera detrás del asalto a su piscina. Por entonces, el inmobiliario ayer detenido formaba parte del Club de los 500, integrado por los promotores que vendían esa cifra de pisos al año. Junto a él, Vicente Grande y Mateo Sastre, tres vidas paralelas por su predicción conjunta de que un apartamento valdría cien millones de pesetas, sin detenerse a pensar en quién podría pagarlas.
En IB3, Matas se limitó a calcar el modelo diseñado por Pere Sampol. Mientras el president poliimputado fraguaba la figura de Farrús, este diario publicó que el promotor había sido sorprendido por un cargo medio del PP, mientras comía en Menorca con Antich. El Consolat entró en ebullición, al grito de "yo ya os había dicho que éste era socialista". El propio Farrús resumía mejor su ambivalencia, con su mantra de que "yo no he cambiado, ha cambiado el Govern". Por entonces ya le llamaban Mister 51 por ciento, "porque coge ese porcentaje en todo lo que se mete".
Buils queda relegado a los párrafos finales de un análisis sobre los acontecimientos de ayer. En la rueda de prensa postprandial durante la que el ex conseller culpó a Madrid de los casos de corrupción de UM, su manifiesto soberanista eclipsó la sorprendente confesión de que él mismo había firmado muchos papeles en la conselleria, por lo que podría enfrentarse a problemas similares a los encarados por otros cargos de su partido. No se puede pedir más en cuanto a dotes premonitorias.
El ex conseller descubrió los placeres del poder antes que sus esclavitudes, y los exploró a fondo. De raíces ejemplares, en Buils concurren los rasgos de una persona normal y formal, de trato impecable. De ahí que la metamorfosis que sufrió en el cargo delate el grado de envenenamiento de la política mallorquina, que degrada a sus practicantes más inesperados. En su desalojo de Turismo influyó su comportamiento más de lo que entonces se admitió. Todo ello al margen de Antich, el auténtico protagonista por omisión de los acontecimientos que se desarrollaron ayer en Mallorca.
Postdata. Por fortuna, los contratos exorbitantes y ridículos de Turismo con Rafael Nadal y El Canto del Loco son impecables. O casi.