Jordi Giménez, geólogo adscrito a la conselleria de Medio Ambiente y autoridad sobre movimientos sísmicos y sus consecuencias, tranquiliza un poco al señalar que en el caso de que un terremoto de gran intensidad en Argelia provocase una ola de grandes dimensiones que se dirigiera a Balears, ésta no llegaría con la suficiente fuerza como para provocar el derribo de edificaciones sólidas ubicadas en primera línea de mar. "Pese a que estos tsunamis pueden alcanzar una velocidad de 400 kilómetros por hora, esta velocidad va asociada a la profundidad marina. Cuando ésta disminuye, también lo hace la velocidad y por tanto su fuerza. No creo que derribara construcciones sólidas. Provocarían destrozos las barcas de poco calado, los automóviles y los árboles arrastrados por esta crecida marina al invadir las calzadas de las zonas a nivel del mar", opina Giménez.