Catástrofes naturales. Plan de salvamento
I. OLAIZOLA. PALMA.
Jaime Coll, director general de Emergencias, admite que el Plan Especial de Emergencias Sísmicas de Balears no contempla la posibilidad de que llegue una ola de grandes dimensiones originada por un terremoto de gran intensidad en Argelia. "Hay estudios elaborados sobre análisis de riesgos y vulnerabilidad en el archipiélago sobre este supuesto remoto y disponemos de un protocolo de actuación al respecto", se defiende Jaime Coll.
Tal y como reveló el geólogo Jordi Giménez en una entrevista publicada en DIARIO de MALLORCA recientemente, un terremoto de gran intensidad en Argelia cuyo epicentro se situara en el mar podría provocar una ola de hasta diez metros de altura que llegaría a las costas de Balears en un corto lapso de tiempo, unos cuarenta y cinco minutos, teniendo en cuenta que este tsunami se desplazaría a una velocidad cercana a los cuatrocientos kilómetros por hora.
El director general de Emergencias asume esta posibilidad, aunque insiste en que es muy remota. No obstante, teniendo en cuenta que el tiempo de reacción antes de la llegada de la gran ola sería de tan sólo de 45 minutos, considera que más que un protocolo de actuación ante esta hipótesis "se trata de arbitrar procedimientos para responder adecuadamente a una emergencia de este tipo".
Se impone por tanto la pregunta ¿qué procedimientos se arbitrarían? Jaime Coll subraya que se recurriría a la red digital de emergencias y se alertaría vía PDA a los coordinadores de playas para que desalojaran lo más rápidamente los arenales, las zonas consideradas como más peligrosas ante una alerta de esta características.
"Recurriríamos, tal y como contemplan todos nuestros planes de emergencias, a los sistemas más ágiles de comunicación, utilizando a los medios de comunicación o la megafonía desde helicópteros y vehículos por tierra", subraya el director general de emergencias, que sería el responsable de coordinar el plan de evacuación aunque, eso sí, previa delegación de la máxima responsable del departamento, en la actualidad la consellera de Innovación, Interior y Justicia Pilar Costa.
Las zonas de mayor riesgo ante la posible llegada de una ola de grandes dimensiones las ubica imprecisamente Coll entre "el sur y el este" del archipiélago y la actuación, básicamente, pasaría por "desalojar las zonas próximas a las playas y trasladar a todas las personas hasta lugares de altitud superior a los diez metros", contesta Coll a los requerimientos de este diario.
El margen de maniobra sería corto, los cuarenta y cinco minutos que tardaría la ola gigante en salvar la distancia desde la falla marina argelina hasta las costas baleares. "Dispondríamos de cuarenta y cinco minutos para tomar las decisiones que fueran oportunas", corrobora el responsable.
El director general de las emergencias señala que el Instituto Geográfico Nacional dispone de tres sismógrafos instalados en Mallorca que complementan a otros desplegados en la península. "Por nuestra parte, en el 112 estamos conectados con la página del Instituto, que nos avisaría al momento de cualquier movimiento sísmico, tal y como ocurrió recientemente", añade Coll.
La Dirección General de Emergencias dispone de personal técnico preparado para gestionar situaciones de emergencias extraordinarias, asegura. "Más de 160 personas, incluyendo al personal del 112, trabajan para este departamento, que cuenta además con su propio cuerpo de emergencias, la unidad operativa, su flota de vehículos y un helicóptero para rescates, búsquedas y otras operaciones de este calibre", concluye.
El 21 de mayo de 2003, sobre las nueve menos cuarto de la noche, se produjo un fuerte terremoto de seis grados de intensidad en la escala Richter con epicentro en Argelia. El seísmo provocó olas de un metro y medio de altura que originaron numerosos destrozos en cientos de embarcaciones amarradas por todas las islas, aunque con mayor incidencia en la costa este y norte de Mallorca y en Maó. Destrozos importantes, pero una nimiedad comparados con los que podría provocar la llegada de un tsunami en época estival, con unas playas abarrotadas de turistas a los que se intentarían desalojar a golpe de un megáfono pregonando el siguiente mensaje: "Desalojen la playa, se acerca una gran ola".