ANTONIO TARABINI
La respuesta no es fácil, pero es cierto que por "sus obras les conoceréis". Es un hecho la presencia muy relevante de personas y familias procedentes del denominado tercer mundo que trabajan, residen, viven y conviven, en nuestra Comunidad de modo estable. Queda patente que una mayoría significativa considera que "son demasiados los inmigrantes que viven aquí". Pero lo relevante son los motivos que damos. Por una parte, la dificultad de convivencia con personas de otras culturas y costumbres. Por otra, la sensación de que provocan saturación de ciertos servicios públicos. Pero, últimamente, se añaden nuevas motivaciones.
Hasta ahora el trabajador/a procedente de la inmigración no creaba ningún rechazo. En definitiva trabajan en labores que los autóctonos no podíamos o no queríamos hacer. Hoy la situación ha cambiado. El desempleo y la precariedad es una realidad. Comenzamos a considerar a los inmigrantes legales como "adversarios" en la búsqueda de trabajo. Otro aspecto relevante es la percepción de que los inmigrantes generan delincuencia.
¿Podemos deducir que somos racistas? Yo diría que básicamente somos "clasistas", lo que se concreta en el desprecio por las personas en riesgo de exclusión que en nuestro caso coincide con personas de otras etnias, religiones, culturas…, que puede llegar a adoptar formas xenófobas. Basta observar lo que ocurre en nuestros entornos europeos. El problema de convivencia es real. Su superación depende de todos, los autóctonos y inmigrantes.