Frío Polar. Las clases se retrasaron una hora ante la posibilidad de heladas en las carreteras
M.FERRAGUT. PALMA.
Algunos cambiaron el turno en el trabajo o pidieron al jefe retrasar la hora de entrada. Otros, sin trabajo o sin jefe al que rendir cuentas, disfrutaron de dormir una hora más o de tomarse el desayuno con tranquilidad. También hubo un grupo de padres trabajadores, los menos, que actuaron con normalidad y acompañaron a sus hijos antes de las nueve de la mañana, como siempre.
Ante el riesgo de heladas en las carreteras y cortes de tráfico, la conselleria de Educación retrasó ayer una hora el inicio de las clases, si bien los colegios abrieron sus puertas a su hora normal para recibir y hacerse cargo de los chavales que fueran llegando. El problema es que no todos los padres sabían que antes de las nueve ya estarían abiertas las puertas del centro porque algunos colegios informaron de forma confusa sobre el retraso de la jornada lectiva, dando a entender a los progenitores que el centro permanecería cerrado hasta las diez. Incluso en algún centro se indicó que no habría profesores para atender a los niños y que quedarían a cargo del personal responsable del comedor hasta el inicio de las clases.
La Federación de Asociaciones de Padres (FAPA) ha pedido a la conselleria de Educación que investigue estos casos de información sesgada, que provocaron problemas de organización a varias familias de las islas. El transporte escolar también se retrasó una hora.
"Yo entro a trabajar a las nueve y he pedido para llegar una hora más tarde", decía Yolanda Rosselló, madre de una alumna del centro San Agustín, quien sabía que podía haber llevado al niño a las nueve pero que no lo había hecho porque desconocía "si se iba a quedar jugando en el patio o qué". Para ella, la medida de retrasar la jornada lectiva en previsión de carreteras heladas "quizás tenga sentido en algún pueblo que esté nevado sí, pero aquí no".
Para muchos padres como Yolanda, la decisión de la Conselleria fue un motivo de estrés y malabarismos de horarios familiares pero para otros fue todo lo contrario, pues pudieron dormir una horita más. Los más contentos, como siempre cuando se habla de saltarse clase, fueron los críos.
"A mí no me ha afectado, porque hoy no trabajo y en realidad me da igual porque si hubiera trabajado hubiera empezado a las diez", indicaba Begoña Caamaño tras dejar a su hijo en el colegio A su lado, Rosario Oneto, tampoco se hacía problema con el cambio de horario. "No estoy trabajando, y así le he dejado descansando un rato más", contaba. Ambas veían bien la medida por aquello del "por si acaso".
"No lo entiendo porque el caos fue ayer...", comentaba Gabriel Darder refiriéndose al miércoles de nieves que alteró la rutina de toda la isla, "pero si la Conselleria lo manda es por algo". Él, que acompañó a sus dos niñas de nueve y seis años al colegio a las diez, tampoco estaba muy molesto con el cambio: "Hoy tenía turno de tarde, no he tenido que cambiar nada".
"¡Pero mira que buen tiempo hace hoy!", exclamaba Teresa Robles tras dejar a su hijo en San Agustín. Ella criticó la medida al verla como algo desproporcionada y, aunque el cambio de horario no le influyó, lamentó que los críos se quedaran sin natación. En el centro decidieron anular la visita semanal a la piscina del Germans Escales porque el autobús parte a las nueve y cuarto.
Así lo explicaba Mª Carmen Revilla, la conserje, quien indicaba que el retraso de la jornada al menos servía para que llegaran puntuales los que normalmente no lo hacen. "¡Eh!", increpó a unos jóvenes que remoloneaban en la puerta, "¡adentro, que hoy no hay excusas para llegar tarde!".