Cabe exigir el secreto de sumario, extender un decreto de sudario sobre el Palma Arena, reclamar el derecho a no saber más, protegerse de la historia local de la infamia, renegar incluso de averiguar en fenicio cuánto dinero robaron los políticos de Balears entre 2003 a 2007. Que jueces y fiscales continúen su trabajo quirúrgico, con mascarilla y guantes, pero que no se avergüence más a la población. No vaya a ser que cada uno deba recordar dónde se encontraba en aquellos años.
Matas no sólo abandonó a sus enemigos, por eso sus vasallos se revuelven contra él. Las hermosas mujeres del president –todas imputadas, y van cuatro– no caminaban,
sobrevolaban imperiales Mallorca porque les pertenecía. Si los jefes de gabinete conocían la inmundicia, ¿lo ignoraban todo los consellers Fiol, Flaquer, Cardona, Cabrer, Castillo, Rodríguez o Puig, que sestean en el Parlament? Con su historial a cuestas, reprueban con descaro a miembros del Pacto.
Ahora que Antich se ha echado al monte a gobernar, Bauzá no ha de demostrar que se aleja del PSOE, sino del PP. Su tarea más ímproba no es ganar elecciones, sino desmatizar la vida balear, empezando por su partido. De lo contrario, "date por muerto", por citar a su mentor Cañellas. En cuanto al ex president en paradero desconocido –ni su abogado sabe si se personará–, hay que garantizarle la libertad de no volver jamás a la isla, por profilaxis social. No necesita un experto en justicia universal, sino en el perdón universal, ése que sólo conceden las religiones monoteístas. Como él repitió a tantos durante su mandato, "no volverás a trabajar en Mallorca".