MATÍAS VALLÉS
PSOE (más Bloc) y UM han transitado del pacto de nunca jamás al pacto de nunca acabar. La crisis institucional los condena a mantener una alianza artificial, del mismo modo que la crisis económica dificulta la separación a parejas de convivencia caducada. La situación de emergencia que vive Balears, gracias a la corrupción desatada en la pasada legislatura, habría forzado la abolición de la ley del divorcio político.
Sin embargo, la versión oficial del párrafo anterior posee tantos agujeros que no cabe ni uno más. En primer lugar, ¿qué garantía tiene el PSOE (más Bloc) de que pacta con una UM sin las mismas contraindicaciones que llevaron el mes pasado al calabozo a los ejemplares altos cargos de Turismo, por no hablar de Munar y Nadal? En todo caso, a los militantes del partido nacionalista con tentaciones corruptas se les envía el mensaje de que por los socialistas no va a quedar, y de que siempre podrán guarecerse bajo el manto progresista si se desvelan sus manejos con fajos de billetes en coches oficiales.
En una conferencia reciente en Manacor, Carles Manera señaló que "ahora se está preparando una UTE de corruptos". ¿Se refería al pacto de PP con UM o de PSOE (más Bloc) con UM? Al rehabilitar a los nacionalistas sin más penitencia que un par de avemarías antonias, el PSOE (más Bloc) admite su precipitación cuando los expulsó del Govern. La rectificación supone un nuevo triunfo de los vicepresidentes menorquines, pero los populares eran una solución menos enojosa si se restauraba en la presidencia del Parlament a Pere Rotger, más alejado de Delgado que de Antich.
El Parlament se dispone a coronar a su presidenta más gris –la sucesora será más humillante para Munar que la imputación–, porque de Aina Rado sólo se sabe que siempre disfrutará de un cargo mientras gobierne el PSOE (más Bloc), y que hiberna en los tiempos de oposición. Antich no pertenece a la estirpe de los políticos sorprendentes –compite en previsibilidad con Rajoy–, pero José Ramón Bauzá encajó la noticia del remiendo del Pacto en estado de shock.
La estupefacción del neonato presidente popular debe ser transmisible a los miles de manifestantes que se abrazaron la semana pasada, para establecer un cordón sanitario contra la corrupción. En Mallorca, el principal inconveniente de gobernar a cualquier precio es que los ciudadanos ya conocen el precio, que se mide en fajos de billetes. El abucheo de los militantes del PP a Joan Flaquer va más allá de un conflicto idiomático. Los políticos de Balears no son conscientes del malestar de la ciudadanía. Al contrario, lo alientan.
Antich ha salvado a UM por segunda vez. En la primera ocasión, tuvo la nobleza de no proceder a una depuración selectiva que hubiera fracturado la formación. Ahora, al regurgitar el Pacto sitúa al PSOE (más Bloc) a la altura moral del partido de los presidentes poliimputados. De la misma manera que Cañellas mantenía la izquierda amaestrada del PSM para presumir de eclecticismo, su heredero socialista juega con UM en el terreno del PP. La venganza sería una moción en Cort, pero a Cerdó le costará desairar a sus correligionarios.