El fin de una era. Un acto institucional bajo la sombra de la corrupción política
F. GUIJARRO. PALMA.
Nunca antes habían estado tan presentes en un acto los que no acudieron a él. Ni un solo dirigente de UM participó en la celebración en el Parlament del Día de Balears, pero los regionalistas protagonizaron muchos de los corrillos que se formaron en los pasillos de la Cámara autonómica.
Aunque criticados por no haber enviado a ningún representante, nadie aprovechó esa ausencia para cebarse contra ellos. Están en "estado de shock", opinaba un miembro del Govern. Otros preferían compararles con un boxeador que ha caído en la lona y que aturdido no sabe cómo hacer para levantarse a tiempo. Una comparación especialmente cruel si se tiene en cuenta que el golpe ha venido desde el propio partido.
"A UM sólo ha podido matarla la propia UM". Esa frase, o al menos una similar, pertenece a la misma ex presidenta regionalista, Maria Antònia Munar, y fue pronunciada el mismo viernes en que anunció su dimisión, según apuntó una persona próxima a ella. Muchos lo intentaron desde fuera, pero el disparo más certero ha partido desde sus propias filas.
El discurso de la vicepresidenta del Parlament, Aina Radó, giro en su mayor parte en torno a la necesidad de hacer frente a la crisis económica, pero el secretario general de UGT en las islas, Lorenzo Bravo, fue el primero en advertir que tan importante como combatir el incendio que se ha abierto en esta materia es hacerlo sobre el que está arrasando la política de las islas, ya que este último no hace más que dificultar la extinción del primero. En su opinión, desde un Gobierno en minoría se pueden adoptar muchas medidas positivas, pero resulta mucho más difícil hacerlo en la actual coyuntura de inestabilidad.
Y al pasar por su lado, el portavoz del PP en el Consell, Jaume Font, no pudo evitar rogarle, con un toque de ironía, su esperanza de que "nos estés criticando a todos por igual".
Lorenzo Bravo se convirtió en el principal valedor de los pactos sobre la competitividad suscritos con el Ejecutivo de Francesc Antich, ante la ausencia de dirigentes de CCOO y del presidente de la patronal CAEB, Josep Oliver, que tenía previsto asistir pero que finalmente tuvo que desistir por estar levemente indispuesto.
Sí pudieron participar en la celebración, además de Antich, la presidenta del Consell de Mallorca, Francina Armengol, y la alcaldesa de Palma, Aina Calvo, quizás porque ninguno de los tres tiene muy claro dónde estarán en la celebración del próximo Día de Balears. También acudió el socialista y delegado del Gobierno, Ramón Socias. Ninguno pareció encomendarse al obispo de Mallorca, Jesús Murgui, uno de los primeros en retirarse.
El daño que la corrupción está provocando también entre los sectores económicos no es nuevo. Uno de los empresarios asistentes a la celebración de ayer en el Parlament recordaba que hace cuatro años los miembros del Cercle d´Economia mantuvieron reuniones con varios dirigentes políticos para advertirles que las irregularidades estaban alcanzando unos niveles insostenibles. Ahora se perciben las consecuencias.
Así, resulta llamativo que sólo acudiera a la Cámara el único ex president balear que nunca ha sido imputado, es decir, Cristòfol Soler. A Gabriel Cañellas no se le vio, y a Jaume Matas ni se le esperaba, aunque algunos bromeaban con que había enviado a su "principal representante" al ver entrar al abogado Rafael Perera.
Porque si en algo coincidían todos los presentes es en el difícil momento que atraviesan las instituciones isleñas. Alguno con alivio, como el ex alcalde de Palma Joan Fageda, que bromeaba sobre la tranquilidad que a él le toco vivir si se compara con la situación de los últimos meses.
Otro de los ausentes, pero por cuestión de segundos, fue el jefe de gabinete de Munar, Matías Barón, que abandono en Parlament poco antes de que comenzaran los actos, ya que supervisó la organización hasta el minuto anterior.