MATIAS VALLES. PALMA.
"No me veo president del Consell", asegura Jaume Font, líder de la oposición del PP en la institución mallorquina. El antiguo alcalde de Sa Pobla recrimina a Antich que no entablara contacto desde el primer momento con los conservadores, en una "situación de emergencia política y económica". El portavoz popular en el Parlament comparte el distanciamiento respecto a un asalto al Consolat. Según Francesc Fiol, "lo más probable es que no gobernemos en esta legislatura". Sólo Pere Rotger, el mejor amigo de la acosada Maria Antònia Munar en las filas populares, se ha negado a liquidar la hipótesis de un desembarco acelerado en el Govern.
En estos momentos, una moción de censura a cargo del PP en el Parlament –jugada que requeriría el apoyo de UM– está absolutamente descartada. Los populares piensan que, al rechazarla de plano, "le hemos mostrado a Antich nuestra mejor carta", y por ello inciden en que "nos ha dejado tirados, pese a nuestro ejercicio de responsabilidad". Sin embargo, el desafío al president en minoría está desaconsejado por tres factores. En primer lugar, el presidente popular José Ramón Bauzá no se ha consolidado ni posee siquiera un escaño en la cámara. En segundo lugar, la derecha tiene a tres altos cargos en la cárcel, y confía en un panorama más despejado en 2011. En tercer lugar, la votación victoriosa requeriría del apoyo del partido nacionalista, que desata una animadversión generalizada entre las filas conservadoras.
Por todo ello, los dirigentes populares contemplan la llegada al Govern como un episodio "de ciencia-ficción". La quimera se produciría a partir de una moción de confianza –rechazada por Antich– que obligara al president a dimitir. El candidato alternativo necesitaría la mayoría absoluta en la primera vuelta, pero le bastaría una mayoría simple en la segunda. De este modo se orillaría el respaldo de UM, que se desea evitar a toda costa. "Hemos ganado las elecciones, y queremos gobernar en minoría".
El PP ha eliminado la moción de censura de sus planes y declaraciones, porque exigiría el voto activo de UM. Sin embargo, la alergia se extiende en estos momentos –el clima cambiará tras los imponderables electorales– a cualquier fórmula de apoyo tácito. "No queremos gobernar habilitados por UM" señalan los dirigentes populares, con independencia de que Font resalte que "tengo una buena relación con ellos".
Aunque le impulsa en buena parte el interés propio, el PP considera que su actitud positiva –"tampoco hemos pedido dimisiones"– ha sido premiada por Antich "con el ninguneo, somos los únicos a quienes no ha llamado hasta la reunión de mañana (por hoy)". Dirigentes populares que reconocen que Bauzá no estuvo ágil al no presentarse a una reunión concertada en el Consolat, concluyen que es ahora el president quien ha pecado de falta de reflejos, "en una situación anómala en la que los pruritos personales deberían irse a tomar viento".
El PP afronta el último tramo de la legislatura con el consuelo del penar compartido, después del calvario de los casos de corrupción sentenciados o pendientes de condena. En su análisis, Antich deberá atravesar "votaciones dolorosas. Ha sucumbido a la tentación de refugiarse en el núcleo duro, con gente de su entera confianza". Bajo estas coordenadas, el futuro apunta a un "Govern agónico, aunque nuestra línea siga el sentido de la responsabilidad".
La corrupción descubierta en el seno del ejecutivo pondrá a prueba indirectamente el liderazgo de Bauzá, obligado a disipar las dudas sobre las debilidades intrínsecas que los populares advierten en su líder provisional. El alcalde de Marratxí "puede estar en el Parlament en cualquier momento", aunque esta carambola exigiría previamente que consolidara la presidencia en el segundo congreso extraordinario de la legislatura. "Lo contrario pecaría de falta de seriedad".
Aunque el PP desgastará a conciencia al PSOE en Cort, Consell y Govern, la hipótesis de las elecciones anticipadas tampoco figura en el actual mapa de probabilidades de la derecha. La disolución del Parlament "no es remedio suficiente". El fantasma de la abstención diluiría la credibilidad de un adelanto de los comicios, aparte de que no salvaría la situación crítica en las instituciones insulares y locales. También en este apartado culpan a Antich, porque "su falta de sensibilidad pretende ofrecer la impresión de que estamos acorralados. En cambio, si nuestro comportamiento es depredador, transmitiremos la imagen brutal de que perseguimos el Govern a cualquier precio".