Análisis. La actividad de las agencias mallorquinas se recupera a marchas forzadas por el ahogo financiero
ALBERTO MAGRO. PALMA.
Los pisos baratos son los que peor se venden en Mallorca. El sinsentido tiene chicha: quienes buscan una vivienda asequible suelen ser clientes con pocos recursos financieros, por lo que tienen que acudir al banco en busca de crédito. Y ese es el problema: el grifo está cerrado. De ello se quejan en la inmensa mayoría de las 18 inmobiliarias de toda la isla consultadas por este diario. "Estamos de vuelta a los años 80, cuando los bancos te daban como máximo el 80% del valor de venta y pedían una entrada fuerte. La diferencia es que ahora nadie tiene dinero para la entrada", explica Joan Perelló, de la agencia palmesana Inmovisa. Su razonamiento se repite en forma de lamento en la agencia de Paulin Close, una holandesa escamada con la actitud de bancos y cajas. "No le dan a extranjeros residentes. Ni tampoco a solteros: lo último que nos dijeron es que despilfarran mucho. Y por eso cuatro de cada cinco operaciones se caen: los clientes no consiguen hipoteca", documenta, subrayando que la actividad está tan parada que su última venta fue en diciembre. Otras tienen que poner el calendario en el mes de noviembre para relamerse evocando el éxito de la última operación cerrada. Es el caso de Fernando Escrivá, que se centra en un tramo de mayor nivel adquisitivo pero busca la explicación en el mismo sitio: los bancos. "A partir de 700.000 euros sí que hemos vendido pisos y casas, pero de 400.000 para abajo no hay forma: ese es el tipo de cliente que precisa financiación y los bancos toman muchísimas precauciones".
La entrada es la exigencia más común. Quedan así atrás aquellos tiempos no tan lejanos –dos años– en los que la banca, echada al monte, cazaba clientes con créditos por el 110% o incluso 120% del valor del piso. Aunque los banqueros niegan la mayor. Lo explica uno de los financieros más activos de la isla, Juan Ramón Fuertes, director de La Caixa en Balears: "Es que en la mitad de la banca española, la de mayor tamaño, no se daba el 100%, no entrábamos en ese juego". Otra cosa es la otra mitad. "Los que menos garantías pedían son ahora los que más pegas ponen", relata desde el anonimato otro financiero local.
Las pegas de los bancos
Entre las pegas, excusas y subterfugios hay de todo: desde la necesidad de dos nóminas fijas, hasta el aval familiar, pasando, cómo no, por las entradas al contado por valor de cantidades sembradas de ceros. "Para comprar algo de 250.000 euros hay que tener 50.000 ahorrados. ¿Y quién tiene 50.000 euros ahorrados para la entrada de un piso?", pregunta Paulin Close, de la Inmobiliaria Llucmajor. Le responden a coro en el resto de las agencias consultadas: "Nadie". O casi nadie, pero quien luce una cuenta corriente de alcurnia normalmente tiene para mucho más. "Los pisos de más nivel, de a partir de un millón de euros se van vendiendo, pero la gente normal ahí no llega", resume Joan Perelló, de Inmovisa. Así que los compradores tienen que estar preparados para recibir calabazas en unas cuantas sucursales antes de adentrarse en el paraíso del crédito. "Querer comprar, quiere mucha gente, pero aquí hace tiempo que querer y poder son cosas bien distintas", sintetiza Domingo Chaparro, agente inmobiliario de Capdepera.
Sólo se salva el lujo
Y con las ventas del segmento más barato bloqueadas, las de pisos y chalets de entre 400.000 y 700.000 euros se congelan. "Es que el mercado intermedio se movía con gente que vendía su piso para comprar algo mejor. Pero como no venden su piso, pues tampoco pueden comprar", ilustra desde Sóller Estefan Antonelli. Así que del efecto dominó apenas se salva el lujo, poco dado a rebajas. "Como mucho baja un 10% en negociación", confirma un especialista de este tramo, Fernando Escrivá. Bien distinta es la reacción del mercado en el resto de segmentos, en los que los descuentos de hasta el 30% son condición casi obligada. "En mi opinión había muchas propiedades sobrevaloradas. Lo especial mantiene el precio, pero el piso común, sin nada distintivo, no tanto", cuenta Martín Bibiloni, comercial de Sol Mallorca, que alude a su jefe para augurar tiempos mejores: "Él, que es el que más sabe de esto porque lleva 25 años en ello, dice que esto son ciclos. Pero el boom no volverá", recalca.
Por eso se ven propiedades de 300.000 a 216.000 euros, como ocurre en el Port de Sollér. O áticos que cotizaron a 500.000 euros arrodillados para venderse por 350.000. "Hay muchos inversores detrás de la roca esperando la oportunidad", reconoce Perelló, de Inmovisa. Y no extraña que así sea: en el país en el que ni lo barato vende, el lujo es el rey. Y ahí las rebajas se cuentan en millones de las extintas pesetas, como reconoce el propio Perelló: "Se venden propiedades de 60 millones por 40". Como para no esperar detrás de la roca.