Pau Dols Bover. Director General de Sa Nostra
MIGUEL MANSO. PALMA.
Después de vivir una semana trepidante, Pau Dols (Santa Maria, 1957) todavía guarda una sonrisa. Su cara, a veces de una seriedad heladora, evidencia satisfacción. Acaba de ordenar un cambio de rumbo sin parangón en la historia de Sa Nostra. El Sistema Institucional de Protección (SIP), o lo que es lo mismo, la integración con otras tres cajas –Caja Navarra, CajaCanarias y Caja Burgos–, se ha activado. De este proceso nacerá una nueva sociedad –quizá un banco, quizá una caja– encargada de gestionar el negocio mayorista y las sucursales ubicadas lejos de sus territorios naturales. En cinco días, el director general de Sa Nostra ha sobrevivido a una reunión con el Banco de España, un consejo de administración y una asamblea general.
–¿La caja podría sobrevivir sin alianzas?
–Sa Nostra podría seguir sola, pero de una manera complicada porque en estos momentos se tiende claramente hacia las integraciones, ya sea mediante SIP o fusiones. Por lo tanto, si no lo haces y pasas a ser el pequeño del lugar, te encuentras con inconvenientes. Los mercados mayoristas internacionales donde conseguimos financiación se vuelven más cerrados y el rating [calificación de la solvencia] te lo valoran mucho peor. Nos enfrentamos a un cúmulo desventajas que no es aconsejable asumir.
–Cuando el proceso se haya completado, ¿qué ocurrirá con los ahorros de los usuarios?
–Que estarán más seguros. Seremos una entidad más solvente y el cliente continuará con su oficina habitual. Significará que las cuatro cajas, o las que seamos en el futuro, nos avalaremos mutuamente. Además, la redistribución de beneficios del SIP generará estabilidad.
–¿Qué negocios pondrán en común CajaCanarias, Caja Navarra, Caja Burgos y ustedes?
–Está por decidir, pero imagino que mantendremos el negocio minorista y pondremos en común el mayorista: banca corporativa, banca de empresas, tesorería, emisión de deuda o emisiones en mercados de capitales. A partir de ahí, la voluntad es hacer más cosas en común y sin desplazarse a otro sitio. En según qué casos, una de las cajas puede especializarse en un asunto concreto y hacerlo para el resto. Lo importante es ajustar costes, sobre todo, los de servicios centrales. Lo que interesa es contar con más empleados dedicados al negocio rentable, que radica en la atención directa al cliente.
–Ahora hablan de una integración. En el futuro la nueva sociedad acabará por engullir a las partes.
–En absoluto. Las cajas son las propietarias de esta sociedad. Además, nos encontramos con un sistema muy cerrado y regulado. Otra cosa es que las propias cajas queramos dar peso a esta sociedad en lo que yo llamo la zona común, es decir, el territorio no natural de cada entidad [Madrid, Castilla La Mancha, Cataluña, etc...].
–¿La nueva sociedad será un banco o una caja?
–Será lo que el Banco de España decida. Hoy por hoy no se sabe. Tiene que ser una entidad plena, no un establecimiento financiero de crédito sin capacidad para salir a los mercados internacionales. Un banco podría funcionar desde ya, aunque a veces preocupa que una caja esté vinculada a un banco. En este caso sería al revés. También podría ser una especie de CECA [Confederación Española de Cajas de Ahorros].
–Banca Cívica o Cajas Cívitas será el nombre del nuevo grupo. Han elegido una marca que implica compromiso con el ciudadano.
–Sa Nostra seguirá siendo Sa Nostra en Balears. Banca Cívica o Cajas Cívitas la utilizaremos en la zona común. Es una filosofía de funcionamiento que queremos potenciar. La banca cívica conlleva la implicación de los clientes en las decisiones de las cajas.
–¿La transparencia va a llegar hasta el punto de que el usuario conocerá el beneficio que ustedes obtienen con él?
–Esta es la voluntad. Para hacerlo bien se requieren los sistemas informáticos pertinentes. La idea de futuro es la siguiente: que cada cliente conozca lo que la entidad gana con él y que decida adónde se invierte una parte de los beneficios.
–¿La obra social se resentirá en Balears?
–Por esta cuestión, no. Otra cosa es que decaiga si no hacemos nada, porque los beneficios van claramente a la baja y todas las entidades estamos ajustando resultados.
–¿Perderán influencia los representantes de los fundadores, los clientes y los empleados en los órganos de gobierno de la caja?
–No tiene por qué. En principio no implica cambios en los órganos de gobierno de cada caja. Luego hay que ver cómo funcionará en la sociedad central. La idea es que estén representadas paritariamente las cuatro cajas [con un peso en las votaciones en función del valor de cada entidad].
–Se ha hablado de que no habrá pérdidas de puestos de trabajo, pero sí reubicaciones.
–En la mayoría de fusiones hay una pérdida de puestos de trabajo muy importante. En este caso planteamos mantener la plantilla. Otra cosa es que haya que modificar las ubicaciones de cada uno. Pretendemos potenciar la actividad comercial. Desde el momento en que podamos integrar determinados servicios centrales, iremos reduciendo el personal en este área y potenciaremos el ámbito comercial. El concepto de banca cívica permite trabajar con colectivos, asociaciones y colegios profesionales a los que ahora no llegamos. Por ejemplo, Caja Navarra tiene 200 empleados dedicados a banca cívica.
–¿Habrá traslados a Madrid?
–No necesariamente. La idea es comenzar con una pequeña estructura. Otra cosa es que surjan oportunidades de trabajo y haya gente interesada. Forzar la situación, en absoluto.
–¿Qué plazos se han dado para la integración?
–Queremos ir rápido y el Banco de España también, pero no sólo en nuestro caso, sino en todos. El sistema financiero se ha mantenido estos dos años bastante bien gracias a las dotaciones anticíclicas. Al Banco de España le preocupa que estas dotaciones se vayan agotando y que cuando las entidades financieras necesiten ayudas ya no existan por decisión del Banco Central Europeo. Por eso conviene cerrar el SIP antes del 30 de junio de 2010. En eso estamos.
–Entiendo que no agotarán ese plazo.
–Utilizaremos el tiempo mínimo necesario para hacerlo todo muy bien.
–¿Si se cae alguno de los socios se pone en peligro el proyecto?
–No hay problema. Puede caer alguno de los socios y también pueden entrar otros. Es importante que Sa Nostra esté desde el principio porque así puede definir las reglas del juego.
–¿Cómo tienen la morosidad?
–Mal. En el caso de Sa Nostra y en el del resto de entidades sigue aumentando. Estamos todos por encima del 5%. Este mes espero recuperar terreno, fruto de una serie de operaciones pendientes de regularizar. No obstante, hemos vivido morosidades más altas. En el año 1994 llegaba al 9%.
–Fitch Ratings les ha vuelto a bajar la valoración de las participaciones preferentes, la deuda senior y la subordinada [difieren esencialmente en la prioridad de cobro en caso de bancarrota]. ¿Le preocupa?
–No, porque nos ha bajado un escalón. Está en línea con lo que hace en el sector. El rating que tenemos no da problemas para operar en mercados internacionales, por tanto, no nos complica la vida.
–¿La valoración tan negativa de las agencias de calificación está ligada la inclusión de España dentro de los pigs [acrónimo de los países con más riesgo de quiebra]?
–Sí. De alguna manera, el Estado marca la pauta de todo lo que viene a continuación. No obstante, las dudas son infundadas. España y el sistema financiero español son muy sólidos. Da la sensación de que las agencias de rating han intentado compensar las valoraciones de hace unos años, cuando no preveyeron los problemas posteriores y daban estimaciones altísimas a bancos que luego quebraron. Un recién nacido y un hombre de ochenta años no es una media de dos hombres de cuarenta. Intentan compensar la nota de antes con bajadas drásticas ahora. Ni lo uno ni lo otro.
–¿Han saldado las cuentas con las empresas de Vicente Grande?
–La repercusión de Grande en los medios es superior que en la cuenta de resultados de Sa Nostra. El próximo año quedará todo prácticamente limpio. Todas eran operaciones hipotecarias muy bien garantizadas
–¿Con cuantas fincas emblemáticas se han quedado?
–Como mucho podíamos tener alguna participación minoritaria a través de un crédito sindicado. En nuestro caso hablamos de pisos, promociones y algún solarcillo.
–¿Cuántos pisos de sus clientes tienen por impago de hipoteca?
–No tenemos muchos. Hemos hecho una previsión a tres años vista y en la peor de las situaciones calculamos que podemos llegar a los trescientos y pico. Nosotros no deseamos quedarnos pisos de nuestros clientes y lo que hacemos es alargar vencimientos o dar años de carencia, es decir, adaptar la cuota del cliente a sus posibilidades.
–Han subido el salario de sus subdirectores generales por encima del convenio. ¿Es una decisión ejemplar en tiempo de crisis?
–Es falso. Lo que se ha hecho es adaptar el sueldo a las personas que han pasado a ser subdirector general, teniendo en cuenta que su retribución debido a la situación de crisis puede llegar a ser un 40% inferior a lo que era hace un tiempo. Además, la retribución de los subdirectore generales del Sa Nostra están muy por debajo de la realidad del sector.
–Se avecina un invierno durísimo en el plano económico.
–El invierno será duro, hay que asumirlo. Tenemos la suerte o la desgracia de estar basados en el sector de servicios, con una estacionalidad importante. De todas formas, en el segundo semestre del año que viene veremos cosas más positivas.
–El Banco Central Europeo subirá los tipos de interés. La mayoría de los países de la Unión soportarán este aumento porque están saliendo de la crisis; para España será terrorífico.
–No es un tema inmediato, pero llegará. El Banco Central Europeo responde mucho más a las necesidades de países como Alemania que a las de España. Como hacía el Bundesbank, la política de los tipos de interés va muy ligada al control de la inflación y no al crecimiento económico. En consecuencia, a medida que la inflación vaya subiendo un poquito, nos vamos a encontrar con repuntes de tipos de interés. Espero que la cosa tarde unos meses, pero va a pasar.
–¿Ustedes y los empresarios perciben el caos institucional de Balears?
–No necesariamente. Lo percibimos más a nivel mediático. Ojalá no existiera.
–La sociedad mallorquina sobrevive a su clase política.
–La sociedad tiene capacidad de vivir de cualquier manera. Incluso, si las circunstancias no les gustan, se desentiende, quizá en exceso. Espero que la situación cambie.