J.F. MESTRE. ENVIADO ESPECIAL A MADRID
El juez José Castro, que investiga el presunto enriquecimiento ilícito del ex presidente del Govern Jaume Matas, sospecha que la mujer de éste, Maite Areal, ha coaccionado a varios de los testigos que ayer estaban citados a declarar en el juzgado de Madrid, adonde se trasladó el miércoles una comisión judicial de Palma.
Según el calendario previsto, ayer estaban citadas las dos administradoras (la actual y la anterior) del edificio de la calle Ramón de la Cruz donde viven los hijos de Matas y cuyo piso figura a nombre del ex presidente de Gesa, Bartomeu Reus, si bien se cree que es propiedad del ex dirigente del PP balear.
También compareció como testigo el actual presidente de la comunidad de vecinos. Estas tres personas explicaron al juez que el pasado jueves, es decir, un día antes de que fueran a declarar ante el juez Castro, habían recibido una llamada telefónica de la esposa de Matas. Maite Areal se presentó como "la inquilina del 4-C", y, según los testigos, se limitó a pedirles disculpas por la molestia que suponía acudir a declarar al juzgado.
Sin embargo, el juez y el fiscal anticorrupción, Pedro Horrach, sospechan que estas llamadas responden a un intento de coaccionar y controlar el contenido de la declaración. Pero no ha sido la única llamada cuando menos sospechosa. Ayer por la mañana también estaba citado a declarar el ex consejero delegado de la constructora Vallerhemoso, que fue la empresa que construyó la vivienda que fue comprada por Reus. Este testigo fue llamado a declarar a petición del abogado defensor Rafael Perera y fue aceptada por el juez. El testigo, que participó en la gestión de la venta del piso, confesó que hacía diez días que había recibido una llamada telefónica del ex presidente Matas, desde Nueva York, que es donde reside en la actualidad. El directivo explicó que Jaume Matas quiso manifestarle su condolencia por la muerte de un hermano, ocurrida hace algunas semanas, y que no le habló sobre la situación del piso del Madrid ni de la investigación judicial sobre esta vivienda. Casualmente, dos días después de esta llamada telefónica el abogado defensor de Matas mostró interés en que fuera citado a declarar. Los investigadores temen que esta declaración habría sido pactada con anterioridad.
El directivo de la empresa confirmó que fue la esposa de Matas y su hermano los que en el año 2003 se interesaron por comprar la casa y confirmó la entrega de una señal de 100.00 euros. Sin embargo, cuando fueron entregados los pisos ya no trabajaba para la empresa y no conocía los pormenores de la operación por la que al final la vivienda fue comprada por Reus.