Cambio Climático. Los turistas vendrán en primavera y otoño porque los veranos serán insoportables
R. FERRIOL. PALMA.
La temperatura subirá entre dos y seis grados, aumentarán las olas de calor, habrá más noches tropicales en verano, disminuirán las lluvias, serán más frecuentes los fenómenos extremos, el mar se comerá la playa, se incrementerá el riesgo de incendios, desaparecerán especies autóctonas y los impactos sobre el turismo serán relevantes. No es el apocalipsis, es el cambio climático. En las islas ya se notan sus efectos: las temperaturas suben algo más de medio grado cada década y la primavera tiende a desaparecer. Se detecta una rápida transición entre las estaciones térmicas con una menor presencia de las temperaturas moderadas y las precipitaciones van disminuyendo década tras década, según las conclusiones del estudio de la UIB sobre el clima en Balears.
u Zona sensible. Climent Ramis, del Grupo de Meteorología de la UIB, explica que la región mediterránea es especialmente sensible a los cambios climáticos "por su situación geográfica y por la sensibilidad a las variaciones latitudinales que experimentan los sistemas meteorológicos controladores indicados". La concentración de población y de sectores como el industrial y el turístico en zonas costeras son algunas de las razones que la hacen más vulnerable.
u Olas de calor. El investigador puntualiza que desde 1976 las temperaturas máximas en verano han aumentado una media de 0,67 grados cada década, mientras que en primavera lo han hecho 0,79 puntos. Las mínimas en la época estival han subido 0,8 grados. Se estima que en Balears la temperatura suba entre dos y seis grados en este siglo. Los cálculos apuntan que las temperaturas continuarán subiendo en el Mediterráneo a un ritmo superior a la media global, como ha sucedido en los últimos decenios. "En pocas décadas este aumento puede hacerse muy evidente", alerta Ramis, quien asegura que las olas de calor serán más prolongadas y frecuentes. Los temperaturas en invierno serán más cálidas, lo que beneficiará la salud de los ciudadanos, pero "el aumento de las olas de calor puede traducirse en un aumento de las defunciones".
u Cambio en la demanda vacacional y energética. Ramis avanza que las islas como polo turístico se verán afectadas por dicho calentamiento. Los veranos serán insoportables, por ello, la demanda turística cambiará. "La afluencia de turistas aumentará en primavera y otoño porque su estancia será más agradable y disminuirá en verano", explica. Otra de las consecuencias del incremento de las temperaturas tiene que ver con la demanda energética, cuyas máximas se darán en verano y no en invierno como ahora. El experto estima una disminución de la demanda de calefacción mientras que habrá un fuerte aumento del aire acondicionado.
u Menos lluvias pero más extremas. Las precipitaciones disminuyen década a década. En Balears, cita Ramis, se ha observado un descenso de casi dos litros por año durante la segunda mitad del siglo pasado. El profesor resalta que las disminuciones más notables se han producido en invierno y otoño. Además de la desestacionalización de las lluvias, los fenómenos lluviosos se extreman. Tiene su explicación: con el aumento de la temperatura del mar se produce una mayor evaporación que se acumula en la atmósfera. Las perturbaciones llegarán con menos frecuencia en las islas pero como la atmósfera tiene mucha capacidad para guardar el agua evaporada, cuando lleguen las tormentas serán más intensas y virulentas.
u Especies autóctonas en peligro. Ramis puntualiza que el aumento de la temperatura y el descenso de las lluvias provocarán una disminución de árboles típicos de la zona, como los pinos y las encinas. Además aumentará el riesgo de incendios. El experto estima que incrementará "la frecuencia y severidad de los fuegos, lo cual conducirá a una progresiva sustitución de los bosques de árboles por matorrales".
u Agua, un bien escaso. Los modelos de clima predicen una disminución drástica de escorrentía en el Mediterráneo, siendo uno de los lugares del mundo donde se proyectan los impactos más intensos. Climent Ramis calcula que el agua superficial descenderá hasta un 80% a finales de este siglo. También estima una menor disponibilidad del agua potable. Habrá más sequías.