MATÍAS VALLÉS
El PP balear se ha enfrentado históricamente a la corrupción bajo el lema "todos a una". Memorias borradas y maniobras de distracción premiadas con consellerias –caso Bitel–. La fiscalía anticorrupción dispone de un antídoto para la amnesia, porque el constructor casado con la mujer fuerte de Jaume Font refresca súbitamente que el president vigente del Govern y ex ministro pagaba en billetes sus reformas palaciegas. Asimismo, un joyero muestra su admiración por la liquidez de Matas, que sitúa en el calendario coincidiendo con el ascenso de su distinguido cliente a la cima de la autonomía.
El PP ha dejado de burlarse de la corrupción que siempre trivializó, y se hunde ahora en la estrategia jurídica del sálvese quien pueda. No sólo salta hecha añicos la omertà, sino que los implicados se despedazan en público. Matas se ha quedado a solas con Fernando Areal, no todo el mundo puede conseguir un cuñado que sintetice una fidelidad a la altura de su torpeza mayúscula. La incontinencia verbal del ex gerente popular ya le ha costado la imputación a su familiar. A nadie se le debe escapar el simbolismo de que el pago en negro de decenas de miles de euros se sustanciara en la sede del partido conservador, a falta de decidir si hubiera resultado más apropiado sustanciarlo en el propio Consolat, el tercer palacete de Matas.