Club Diario de Mallorca. Carmen Fernández Alonso
C. CANALS. PALMA.
Las consultas de Atención Primaria son el lugar "natural" para detectar de manera precoz la violencia de género, antes de que ésta lleve a la mujer al área de urgencias. Es una de las principales premisas esgrimidas ayer por la doctora María del Carmen Fernández Alonso, que ofreció en el salón de actos de la conselleria de Salud la conferencia Violencia de género: Retos y compromisos desde la salud, organizada por el departamento autonómico y el Club DIARIO de MALLORCA. La experta castellana ha colaborado en la guía autonómica sobre esta materia.
–Luce en la consulta un ojo a la funerala y huellas de manos en los brazos. Dice que se golpeó contra una puerta y que los dedos marcados se los dejó su pareja al levantarla del suelo.
–No siempre es ésa la respuesta, muchas veces responde la verdad, si se le pregunta adecuadamente, en un sitio que garantice su intimidad y, desde luego, sin la presencia de su agresor. Aún así, en urgencias, cuando hay discrepancias entre lo que sospechamos y la versión de la mujer, podemos comunicar la existencia de esas lesiones al juez o al fiscal. En el caso de la consulta, hay que valorar con calma las posibilidades.
–El médico que atiende a un paciente cada cinco minutos puede no estar en disposición de ´valorar con calma´.
–Si hay sensibilidad e interés por el problema, siempre se puede encontrar el momento, o citar a la persona al día siguiente para una consulta programada, en caso de malos tratos crónicos o agudos. Y si es una situación de gravedad, desde luego, hay que tomar medidas inmediatas. No hay que dar por supuesto que no nos lo va a contar; a veces para ella es una liberación.
–Se recomienda una atención multidisciplinar a la mujer maltratada. ¿Por cuántos despachos ha de pasar la víctima?
–Es raro que un solo profesional atienda a una mujer maltratada, pero eso no significa que de manera inmediata se la someta a un via crucis de visitas. Hay que hacerlo de manera progresiva, a medida que surge la necesidad y acepta la posibilidad de ser atendida en uno o en otro dispositivo. Pero es frecuente que precise atención psicológica, asesoría jurídica, laboral...
– Nadie duda del impacto del tabaquismo en el gasto sanitario, pero no suele hablarse de lo que nos cuesta el machismo violento.
–Hay un estudio americano y canadiense, financiado por el Banco Mundial, al respecto y le puedo asegurar que los gastos son elevadísimos. En España también hay algunos trabajos, en Andalucía y en la Comunidad Valenciana. Son cifras altísimas en gastos sanitarios, sociales y judiciales para atender las demandas que se generan por el maltrato.
–Algunos calculan que cada año se producen en España algo más de 1,6 agresiones domésticas. ¿Cuántas de ellas se detectan en la Atención Primaria?
–No tenemos estudios de prevalencia, aunque el Instituto de la Mujer cree que un 8% de las mujeres sufren a manos de su pareja y un 9% violencia doméstica. Eso nos da más de un millón de potenciales víctimas. Está a años luz de las 150.000 denuncias registradas el año pasado. En relación a las consultas médicas, sólo se ha empezado a registrar este dato en la mayoría de comunidades a mediados de este año; esperamos que el año que viene tendremos algún dato de registro, cribado y detección. Pero el servicio de atención a la violencia que se va a poner en marcha en todas las comunidades, espero un aumento importante en la detección en Atención Primaria, que es el lugar más adecuado, antes de que la mujer necesite atención en Urgencias.
–Hay que decirle a la mujer que no se engañe, que su marido no va a cambiar.
–A veces, ella calla porque no quiere hacerle daño, porque lo ha elegido o es el padre de sus hijos; a veces porque tiene la esperanza de que cambie y retrasa la petición de ayuda. Esa esperanza viene dada por el ciclo de la agresión, cuando el agresor da muestras de un arrepentimiento que es ficticio. Si no hay intervención, es muy difícil que el hombre cambie. Hay que prevenir desde la educación infantil, pero también disponer programas para el agresor, porque algunas veces –es verdad que son pocas– dan resultado.