MAR FERRAGUT. PALMA.
En casi la mitad de las rupturas de pareja que tienen lugar en el archipiélago balear –exactamente en el 46% de los casos– está presente algún tipo de violencia doméstica. Y no hablamos de pocas rupturas porque Balears es precisamente una de las comunidades con la tasa de divorcio más alta del país.
Esa violencia (física y psicológica) se da en la mayoría de los casos contra la mujer, pero también hay casos contra los hijos o contra los padres, cuando hablamos de hogares multigeneracionales. Así lo explicó ayer la directora general de Menores y Familia de la conselleria de Asuntos Sociales, Francesca Vanrell, en el marco del II Congreso Estatal sobre la Defensa de los Menores en las Crisis de Pareja.
Vanrell indicó que en Balears hay muchas rupturas y que en la mayoría de ellas hay menores implicados. Sólo Canarias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla superan al archipiélago en cuanto a tasa de divorcios. En las islas se producen 3,7 divorcios por cada mil habitantes, mientras que la media estatal de fracasos matrimoniales está en los 3,01 casos cada mil habitantes.
El 52% de los matrimonios que naufragan tienen hijos menores de edad, "víctimas involuntarias de la crisis de la pareja", según apuntó la directora general. La ruptura afectará a los menores en mayor o menor medida "según cómo los padres salgan de la crisis". En los casos que los menores hayan vivido episodios de violencia (ya sea como víctimas o como testigos), precisó Vanrell, es probable que a corto plazo padezcan efectos físicos, psicológicos y sociales. A largo plazo, pueden llegar a desarrollar graves problemas de salud mental o convertirse ellos mismos en sujetos violentos. "Las consecuencias psicológicas pueden ser devastadoras", concluyó.
Para evitar estas situaciones, el director de la Oficina de Defensa de los Derechos del Menor, Antoni Bennàssar, hizo hincapié en que "es responsabilidad de los padres ser conscientes de que la prioridad es el bien del menor y no el de ellos". Consideró que es "obligación" de los progenitores que los niños se sientan "valorados y escuchados".
Bennàssar puntualizó que niños y jóvenes viven de manera muy diferente las rupturas. Es más conflictivo para los menores de entre doce y dieciocho años, ya que estos ya están pasando su propia crisis de identidad, a la que suman la crisis de pareja de sus padres.
Más de 200 personas, la mayoría psicólogos y trabajadores sociales, asisten a este congreso estatal que finaliza hoy, Día Internacional del Niño.