C. CANALS. PALMA.
El Govern calcula en 19.000 las personas que, por razones profesionales, están llamadas a vacunarse contra la gripe A. Sin embargo, el personal sanitario está mostrando escaso entusiasmo en someterse a la vacunación que afirma oportuna para los grupos de riesgo.
"Se ha hecho a toda prisa, y no me fío de algo que se ha probado tan poco y que puede tener efectos secundarios, si no es estrictamente necesario", dice uno de los facultativos consultados por este diario; pero esta misma persona asegura con firmeza que para los grupos de riesgo la vacuna resulta estrictamente necesaria.
No es una postura aislada, sino la mayoritaria entre las numerosas consultas realizadas ayer. Cuando otro de los médicos entrevistados lanzó a su vez la pregunta en su lugar de trabajo, la respuesta de los compañeros fue unánime: "Ni hablar." Otros departamentos hospitalarios y centros de salud guardaron silencio por toda respuesta.
Medicina ajena
El colectivo sanitario no es conocido por aplicarse la medicina que prescribe. Las campañas anuales contra la gripe estacional no reciben grandes adhesiones entre este personal, coinciden las fuentes. Una de los facultativos que se mostraron favorable a la vacunación recordó que las revisiones médicas periódicas en el colectivo tampoco suelen tener gran éxito.
Pero, en este caso, los "rebeldes" arguyen además que la epidemia no ha tenido finalmente la incidencia ni la gravedad anunciada, como se ha visto en el hemisferio austral, donde la vacuna no existió; además consideran que algunos elementos del inyectable inspiran desconfianza, como los adyuvantes usados para incrementar el número de cultivos.
La Conselleria replica que la vacunación en los colectivos sanitarios es doblemente crítica: porque se les precisa sanos ante una situación de emergencia, y porque si enferman pueden crear grandes focos de contagio. Además recuerdan que la vacuna ha recibido el visto bueno de las principales agencias sanitarias europeas.
La doctora Belén Gómez pertenece al grupo de los facultativos que considera la vacunación como un acto de responsabilidad. "Conozco muchas razones para vacunarme, incluso personales: yo tengo dos niños, y si han de coger la gripe, no quiero que sea por mí", sonríe.
Gómez no guarda además desconfianza sobre la vacuna. "No voy a creer que las autoridades hayan aprobado una vacuna cuyos efectos secundarios puedan ser peores que la enfermedad que tratan de prevenir", asegura, y recuerda que apenas unas pocas semanas impidieron incluir esta vacuna en el paquete anual contra la gripe estacional.
En cualquier caso, el colegio balear de médicos (4.800 profesionales) no ha recordado a los profesionales la conveniencia de la vacunación, aunque en su página incluya una llamada a las recomendaciones de la Organización Médica Colegial, que ayer mismo publicaba su apoyo a la campaña preventiva.
Tampoco el colegio de enfermería (4.600 personas) ha aleccionado a sus miembros para que soliciten la inyección en sus propias carnes. Según fuentes internas, el colectivo aún está debatiendo cuál debe ser su postura oficial.
Sólo el colegio de farmacéuticos ha lanzado una circular promoviendo la campaña entre las 1.850 personas que trabajan en las oficinas expendedoras. Unos 300 profesionales –alrededor del 16%– ha respondido positivamente.
El secretario general del Sindicato Médico Libre, Isidro Torres, subrayaba ayer que "cada facultativo obre según su ciencia y su consciencia", dado que es personal suficientemente preparado como para saber si le conviene recibir la vacuna. Sin embargo, se mostraba firme en cuanto a la conveniencia de administrarla en los grupos de riesgo y seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.
La Conselleria no conoce aún el número de profesionales que han recibido la vacuna o la han solicitado en centros de salud y mutuas, aunque sí da las cifras de la población de riesgo. El responsable de esta operación, Joan Pou, explica que el registro informático es diferente en ambos casos; y que este no se actualiza con la misma urgencia.
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