Religión. Ritos funerarios
MAR FERRAGUT. PALMA.
¿Qué pensará el Obispado mallorquín de los aficionados del Atlético de Madrid? Las cenizas de varios forofos fallecidos reposan en una especie de panteón habilitado en el Vicente Calderón. El Obispado, haciéndose eco de lo acordado por los prelados italianos, ha recordado esta semana a sus fieles que los restos de los fallecidos incinerados deben reposar en los camposantos y que no apoyan prácticas como esparcirlas por el mar o guardarlas en casa. Si están en contra de eso, ¿qué deben pensar de los ´colchoneros´ que descansan en el Vicente Calderón?
Los ciudadanos muestran distintas opiniones sobre la polémica de ritos funerarios y la mayoría asegura que "cada uno ha de hacer lo que crea", como apunta María Mulet, quien cree que este discusión es "una chorrada". "Pueden decir lo que quieran que yo también haré lo que quiera", añade Tomeu Vidal.
Algunas de las personas consultadas tienen muy claro qué quieren para su descanso eterno. Antonia Temiño y Mª Carmen Campos, madre e hija, son un ejemplo. La de más edad asegura rotunda que quiere reposar enterrada junto a su marido y que ve "muy mal" lo de esparcir las cenizas por ahí. Su hija quiere todo lo contrario: que tiren sus cenizas "al aire, libre, como los pájaros". Aunque claro, "no sé sabe que hará mi marido". Y es que, como señalan algunos, en estos asuntos también tiene un peso importante los familiares. "Yo quiero donar los órganos, y luego, lo que mis parientes decidan, si me quieren guardar en un frasco...", señala desprendido Moisés Expósito.
Juan Méndez también quiere donar los órganos cuando fallezca. ¿Y con el resto? "Que los tiren a la basura si quieren", dice riendo. Para este hombre, el anuncio del Obispado es "como todo: por negocio". Varios de los ciudadanos consultados mencionan al bolsillo cuando se les pregunta por esta cuestión. "A mí que me incineren, que hay que pagar mucho por estar en el cementerio", afirma Sonia Fernández.
Muchos no sólo no tienen ni idea de qué quieren para cuando abandonen este vida sino que además les da lo mismo. "A mí me da igual, mientras no profanen mi cadáver...", apunta Pablo Barrio, quien precisa que de todas formas entiende que a su familia le gustaría tener un sitio donde ir a recordarlo. Este joven quita peso a lo que pase con su cadáver, porque que cree que "la trascendencia no está en el cuerpo, sino en los actos de cada uno".
En línea muy similar se expresa Xisca Barceló, que quiere ser incinerada. Se declara no creyente y explica que para ella no tiene sentido conservar el cuerpo ya que el alma fallece al mismo tiempo que el cuerpo físico. Además, cree que no hace falta que haya un lugar físico donde los familiares puedan ir a honrarle memoria: "Se van a acordar de ti, haya un sitio o no".
"Yo no le digo a nadie qué tiene que hacer con su cuerpo, ¿porqué tiene que decirme qué tengo que hacer yo con el mío?", concluye.