ANTONI RUIZ
La Iglesia se ha pasado tanto tiempo hablando de la importancia de las almas que uno no creía que les preocupara lo que se hacía con el cuerpo de uno, una vez que se pasaba a mejor vida y se era enterrado o incinerado. Ahora, resulta que también quieren marcar doctrina sobre lo que hay que hacer con los restos, las cenizas, de un ser querido, abogando por ubicarlas en un cementerio y no donde el finado o sus familiares decidan. La idea, promovida por los obispos italianos, habrá hecho la felicidad de los empresarios propietarios de cementerios que deben haber visto como sus posibilidades de negocio se amplían. A la venta de tumbas, nichos y otros mausoleos se unirá la obligatoriedad de hacer reposar las cenizas en los correspondientes columbarios. Tener las cenizas de tu padre, madre o ser querido en el comedor no es precisamente algo demasiado refinado ni agradable, pero sobre gustos no hay disputas. La Iglesia debería tener la fiesta en paz y procurar rezar más por la salvación de las almas.