Consumo y Ecología. Plan Nacional Integrado de Residuos
MIGUEL MANSO. PALMA.
Asiente con la cabeza si está de acuerdo con la siguiente frase: "Con menos bolsas de plástico, todos podremos respirar más tranquilos". Es de suponer que la totalidad de los lectores coincide con el lema de la multinacional Carrefour. A partir del próximo lunes, la firma francesa retirará de sus tres hipermercados mallorquines el tradicional envase porque quiere "echarle una mano al medio ambiente".
Una decisión de estas características parece libre de polémica. Sus directos competidores han adoptado políticas en el mismo sentido –Eroski descuenta un céntimo de euro por cada bolsa no usada y Mercadona anunciará su estrategia a principio de año–.
Sin embargo, han surgido voces belicosas que insinúan teorías conspiratorias. La Asociación Española de Industriales de Plásticos acusan a las grandes superficies de impulsar una maniobra publicitaria por "intereses económicos", es decir, para ahorrarse costes. Además, sugieren que las reciclables "no son del todo inocuas para el medio ambiente".
El director del Instituto Tecnológico del Plástico, José Antonio Costa, hace otra lectura más convicente que la anterior. "Se está simplificando el problema. Es como si se propusiera dejar de fabricar vehículos porque hay accidentes. El problema surge cuando la bolsa acaba en el campo o en la playa, pero si se deposita en el contenedor adecuado, el amarillo, se recicla al cien por cien sin ocasionar inconvenientes", explica.
La tercera voz reprobatoria procede del Colegio Oficial de Químicos del País Vasco. En una nota remitida a los medios de comunicación, exponen un inventario de reparos. Sobre las bolsas reutilizables de tela, dicen: "Deben ser perfectamente lavables pues otros materiales alternativos, como la lona, la rafia o el cáñamo, pueden contaminarse con restos de alimentos frescos y constituir un foco de hongos". Desde el punto de vista estrictamente ambiental, los químicos vascos ponen en entredicho la eficacia de la campaña. En Irlanda, argumentan, "la reducción de las bolsas de plástico generó un incremento de las de basura". Pero la traca se la guardan para el final, cuando afirman que la mayoría de las reutilizables se fabrican en países asiáticos, carecen del Registro Sanitario Industrial y pueden ser perjudiciales si entran en contacto directo con los alimentos.
Para entender muchas de estas declaraciones, resulta oportuno aclarar que España es el primer productor europeo de bolsas de un solo uso y el tercer consumidor. Su eliminación drástica supondría un varapalo para un sector al que se dedican 700 empresas en nuestro país y 11.000 trabajadores. De momento, su desaparición se producirá poco a poco. El Plan Nacional Integrado de Residuos estipula que su consumo debe disminuir en un 50% para 2010, fecha a partir de la cual serían prohibidas progresivamente.
Al año, cada habitante emplea 238. Aunque son cien por cien reciclables, Greenpeace calcula que sólo el 10% pasa por una planta transformadora y se vuelve a aprovechar. La mayoría acaba en vertederos e incineradoras. Pueden tardar hasta 400 años en degradarse.
Su erradicación no parece una de las principales reivindicaciones de los consumidores patrios. "Se comprende y se apoya la decisión, aunque no hay una demanda de los clientes", admite el director del Carrefour del Coll d´en Rabassa, Francisco García. Para sensibilidad, la de los extranjeros que acuden al hipermercado con sus propios envases, matiza García. El director del Coll niega muchas de las afirmaciones vertidas por profesionales y fabricantes de bolsas de plástico. "No ganaremos ganada con esta medida. Las dos primeras semanas regalaremos reutilizables, la mayoría producidas en España, y luego las cobraremos a precio de coste –0,5 euros las de rafia, 2,5 las de algodón y 0,05 las de fécula de patata–. Además, financiaremos a la Cruz Roja y al Banco de Alimentos dos millones de comidas", abunda García.
El presidente de la patronal de comerciantes Afedeco, Bartomeu Servera, recuerda que los pequeños establecimientos ya entregan bolsas de papel, sobre todo los dedicados al textil y el calzado. Pero Servera cree que "hay que ir más allá". ¿Qué ocurre con todos esos recipientes de plástico que nos dan por comprar 150 gramos de jamón y son tan aparatosos o más que las bolsas?