MIGUEL MANSO. PALMA.
Acordadas con el beneplácito de las aseguradoras las indemnizaciones a las víctimas –se reparten 1,7 millones de euros–, retirados de la sala de vistas los abogados de la acusación particular, el juicio por el hundimiento del hotel Tívoli comenzó ayer después de casi nueve años de espera. Frente a los letrados de la defensa sólo quedaba el fiscal de siniestralidad laboral, Miguel Ángel Anadón.
El fiscal despachó en cuestión de minutos a tres de los acusados: el promotor de la obra, José Forteza-Rey, el arquitecto Juan Antonio Vila y el aparejador Sebastián Ángel Martínez. Los tres se declararon culpables y no admitieron preguntas. La estrategia de Anadón cambió cuando le tocó el turno al empresario encargado de la reforma del establecimiento, Joan Rigo. El ministerio público le preguntó por la ristra de carencias en aquel tajo. El constructor descargó la responsabilidad en el arquitecto y el aparejador. Según Rigo, se limitó a "seguir sus directrices".
El empresario reconoció que se hicieron obras que no estaban incluidas en los proyectos de ejecución relativos a la cubierta y los forjados de la denominada ala ´A´ del edificio. En esa zona se edificaron voladizos y un hueco para el ascensor pese a que esas tareas no fueron visadas en el Colegio de Arquitectos. "Pasa en muchas obras", se justificó Rigo.
Pero lo peor ocurrió en el ala ´B´, la que se vino abajo y provocó la muerte de dos profesionales y heridas a otros cuatro, uno de ellos vive condenado a una silla de ruedas. Para ese flanco del inmueble no se visó un proyecto de ejecución y se trabajó como si fuera gemelo del ´A´. Sin embargo, era distinto y, además, no contó con un refuerzo de la estructura, evidenció el fiscal. El constructor reconoció que aquellas paredes madre se sobrecargaron de jácenas y balcones y los tabiques de la planta baja fueron retirados "uno o dos días antes" del suceso. "A mí me mandaban el arquitecto y el aparejador, que tienen carrera", se escudó Rigo mientras el ministerio público incidía en su parte alícuota de responsabilidad. Por aquel entonces, sus empresas abordaban nueve obras a la vez, pese a que sólo llevaba cinco o seis años metido a constructor.
Rigo admitió que sólo aplicó un plan de seguridad laboral para el forjado del bloque ´A´. El resto de las obras se desarrolló sin esa estrategia preventiva, pese a que él era el encargado de su implantación. En su defensa alegó que se le pedía presupuesto y trabajos nuevos progresivamente, y no de una tacada.