REDACCIÓN. PALMA.
El mes de noviembre de 1934, tres monjas franciscanas (Francisca Cladera, Margalida Parets y Miquela Arrom) subieron a Lluc para iniciar una doble labor: velar por el Santuario y ayudar en todo cuanto fuera menester. Era el comienzo de una trayectoria que se ha venido consolidando a lo largo de los 75 años que acaban de conmemorarse con la asistencia de todas las monjas que en alguna etapa de su vida han tenido estancia en Lluc.
En total más de setenta, procedentes de todos los puntos de Mallorca y de Menorca, que se mostraron felices con el reencuentro. Primero durante la celebración de una misa solemne en la basílica, oficiada por el padre Ballester y enriquecida con los cánticos dels Blauets. Y después en un almuerzo de hermandad que contó con la asistencia de la superiora general de la Congregación, Sor Paulina Aguirre Quinteros, quien felicitó a la madre superiora de Lluc, Sor Joana Pascual Darder y a sus colaboradoras por la brillante Diada.
Durante muchos años las monjas franciscanas han atendido a los peregrinos que necesitaban de alguna cura. "Se les proporcionaba agua caliente y toallas para el cuidado de los pies después de largas caminatas", recordó el colectivo. Hoy su principal actividad es la de cuidar de los ornamentos de los padres misioneros que regentan el Santuario o de las sotanas y roquetas dels Blauets.