Club Diario de Mallorca. ´SI decimos no también educamos´. Emilio calatayud.
MAR FERRAGUT. PALMA.
"Juega el Madrid-Milán y el salón está repleto: parece que el tema del menor nos preocupa". El juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, utilizó su habitual sentido del humor para constatar una verdad muy significativa: no es sólo que el salón de actos del Colegio de Abogados estuviera a reventar, es que la cola de gente que se quedó fuera se alargaba tres manzanas.
Este magistrado, invitado por el Club DIARIO de MALLORCA y presentado por su colega Pedro Barceló, desgranó las fatídicas consecuencias "del complejo de joven democracia" que tiene nuestro país. Así, describió el problema de los progenitores "post-constitucionales" entre los que él se incluye: "Hemos pasado de ser esclavos de nuestros padres a ser esclavos de nuestros hijos". Y como ejemplo del "absurdo" al que hemos llegado, mencionó el hecho de que se considere un maltrato el dar un cachete a un niño.
El problema principal para este juez, popular por sus sentencias ejemplares, es que a los menores "se les ha transmitido la idea de que sólo tienen derechos y se les olvida que tienen deberes, cómo reza el artículo 155 del Código Civil". El ponente apuntó los responsables de esta situación por "escalones" de importancia: primero, la familia; luego, la escuela y, por último, "la sociedad, que somos todos". Por ello, abogó por la creación de un Pacto Social por el Menor.
Calatayud, que lleva dos décadas como juez en estas lides, aseguró con ironía que él no aconseja sobre cómo ser buen padre, pero que sí tiene diez puntos infalibles a seguir si lo que uno quiere es "formar a un pequeño delincuente en casa". Una muestra: darle todo lo que pida y hacérselo todo para que no valore el esfuerzo.
Siguiendo este decálogo, aseguró, el chaval podrá llegar a convertirse en alguno de los casos que conoce. Como esos hasta seis menores que ve cada semana denunciados por sus padres por maltrato.
En este sentido, el magistrado indicó que "si los padres viven en un tormento" y "se han agotado todas las posibilidades", denunciar puede ser la última oportunidad para una familia.
Y es que él cree en las oportunidades porque "el 80% de los chicos cometen delitos, pero no son delincuentes". De todas las opciones con las que cuenta un juez para sancionar a un menor (internamiento, tratamiento ambulatorio, libertad vigilada...), él, si el caso lo permite, siempre prefiere las sentencias que faciliten la reinserción del joven en la sociedad. Habló de los trabajos para la comunidad y las tareas socioeducativas (como condenar a alguien a aprender a leer y escribir).
Y ahí entró a describir algunas de sus famosas sentencias. A una niña que pegó a otra porque "le miró mal", la condenó a 50 horas limpiando espejos. A uno que se le ocurrió pintar un ´Víctor quiere a Ana´ en la pared del calabozo, le tocó limpiar la fachada del juzgado.
Habló de amenazas que se extienden (como el consumo de drogas y el consecuente aumento de jóvenes con trastornos mentales), pero dejó una puerta abierta a la esperanza en la generación de jóvenes padres de hoy "que ya no están en el extremo pre-constitucional ni en el post-constitucional, que van hacia el término medio".
El ponente se mostró a favor de replantear el concepto ´menor de edad´ pero expresó sus dudas sobre el endurecimiento de la Ley de Responsabilidad Penal, que no considera que sea en absoluta blanda. Por último, Calatayud volvió a recordar a los padres "que no son colegas de sus hijos" y a la sociedad le pidió "que apoye a los maestros" y que "no sea hipócrita".