MATÍAS VALLÉS
Si suelta usted el objeto que tiene en la mano, caerá hacia el centro de la Tierra en una trayectoria prefijada. No tiene alternativa. El edificio derrumbado en Palma también cumplió a rajatabla con la ley de la gravedad. Es el único texto legal que obedecía, según se ha sabido con posterioridad. Una chica de 15 años, que estudiaba los códigos implacables de la física como alumna sobresaliente del Instituto Ramon Llull, perdió la vida cuando la materia siguió su camino natural. La esencia de las tragedias es que sus causas se analizan cuando sus efectos son ya irreversibles.
Toda Palma, a excepción de siete ciudadanos, debate hoy el estado de un edificio que cambiaba de fisonomía sin rastro de legalidad. Técnicos de la construcción que efectúan obras mayores sin permiso, funcionarios de Urbanismo de Cort que pueden conciliar la vida laboral con la gestión de una inmobiliaria, la promoción del negocio sin garantías
llamado Inspección Técnica de Edificios. La configuración actual del universo autoriza a violar todas las leyes excepto una. El mantenimiento en pie de la casa de Rodríguez Arias era una ilusión mortífera, que la ley de la gravedad se encargó de corregir. Entre las víctimas, la mitad de una familia mallorquina que pidió escrupulosamente licencia municipal para dos minúsculas reformas en su domicilio.