R.FERRIOL/ M.OLLÉS. PALMA.
Antònia Bisbal decidió llamar ayer por la mañana a la Policía Local de Palma para que revisaran la estructura del edificio donde vive su madre, Catalina Arbona, en la calle Mont Lueri, 14. Desde el primer piso observaba una grieta en la terraza de la planta baja. "No he dormido en toda la noche", comentó Antònia. El martes por la noche su vecina del sótano, Wanda Natalia, de origen ruso, le enseñó el estado de su vivienda. Una viga de la planta baja cedió y dejó un agujero en el hogar que Wanda tiene arrendado. "Cuando llovía, el agua caía en las habitaciones", resumió la chica que ayer fue desalojada hasta que se reparara el daño en su casa. "Hace mucho tiempo que está así", comentó Wanda. Con la tragedia de la calle Rodríguez Arias en mente, Antònia le pidió permiso para solicitar la inspección de los bomberos. "Así nos quedamos más tranquilos", resaltó Manuel José Mas que comparte el segundo piso con Alberto González mientras esperaban ayer por la mañana que los equipos de emergencias realizaran la inspección del edificio.
Sobre las 11 de la mañana, los agentes acudieron a la calle Mont Lueri. Siguiendo el protocolo, solicitaron la presencia de los Bomberos de Palma quienes revisaron la estructura. Mientras realizaban las labores de inspección, desalojaron, de manera preventiva, a los vecinos del inmueble. "Está en malas condiciones", resumió un bombero. Una viga del techo del sótano había cedido. Catalina Arbona, la señora mayor que reside en el primer piso y propietaria del local en cuya terraza ha aparecido la grieta que dio la voz de alarma, relató que sobre las escrituras el sótano figura como un trastero pero que hace unos años lo adecentaron como vivienda. Wanda Natalia vive allí desde hace unos meses. "Gano 95 euros al mes, es lo único que me puedo permitir", lamentó. Con ojos llorosos y alterada por la situación, entró en su vivienda acompañada por los bomberos. En apenas diez minutos recogió sus pertenencias del hogar: una maleta grande, otra más pequeña y una bolsa de basura llena de objetos. La Policía la trasladó a casa de unos amigos, donde deberá permanecer hasta que se arregle la viga cedida.
Antònia y su madre también entraron para recoger las cuatro cosas que guardaban en el local de la planta baja. Mientras el resto de vecinos aguardaban en la calle. Al mediodía, los vecinos del segundo piso ya pudieron regresar a sus hogares. Marina Casanova es una joven que reside con su madre en el primero A. Llegó del instituto y se encontró enfrente de su casa, dos camiones de bomberos, coches policiales y ambulancias. No podía entrar porque habían desalojado el edificio de manera preventiva. Tras la inspección, todos se quedaron más tranquilos. Todo se quedó en un susto porque los vecinos, excepto la inquilina del sótano, pudieron regresar a sus casas una vez finalizadas las labores de inspección. Alberto, Manuel, Maria Teresa Ribas, Marina, Antònia y Catalina entendían el pánico generado al ver una grieta. El derrumbe mortal se saldó con siete muertes. Con la tragedia en mente, coincidieron que gracias a la inspección de los bomberos descansarán más tranquilos.