MAR FERRAGUT. PALMA.
Los vecinos de Rodríguez Arias y de Alós podrán leer hoy estas líneas ya desde su casa. A partir de las ocho y media de ayer, y después de tres días fuera de su hogar, los 60 residentes que tuvieron que ser realojados fueron volviendo a sus domicilios.
Todos ellos regresaban impresionados; algunos, aliviados; otros con temor y unos últimos con una importante lección aprendida: "Los vecinos tenemos que ponernos las pilas y estar unidos con el mantenimiento del edificio, arreglar los defectos". Así se expresaba María Jesús Alonso, residente de la calle Alós que ha pasado estos días en casa de unos amigos. "No podemos decirle a Cort que arregle lo que nosotros no hemos sido capaces de arreglar", añadía esta joven que aseguraba que tenía "muchas ganas ya" de estar en su casa.
María Jesús, Amparo, Tomás... en torno a las una de la tarde los vecinos se iban congregando a las puertas del hotel Continental, donde los técnicos del Ayuntamiento les habían convocado para comunicarles que podrían regresar a sus hogares a partir de las ocho de la tarde, que a la una debían abandonar el hotel y que los mayores de 65 años podían pasar esas horas en una asociación para personas mayores situada en la Avenida Argentina.
"Eso han dicho para las personas mayores, pero para los niños no nos han dicho nada", decía Naim Koubaa, que acudió al Continental para encontrarse con la mujer de su tio y sus dos hijos pequeños, enfermos de gripe. "Nos vamos a mi casa hasta las ocho", apuntaba este joven.
Para poder dar vía libre a los vecinos en esta vuelta a casa, los técnicos municipales revisaron los seis edificios que habían sido desalojados, además de otro situado en el número 2 de la plaza Serralta que fue finalmente apuntalado. A pesar de estas revisiones y de que Cort les garantizó de que todo estaba bien, había vecinos que tenían miedo de las construcciones del barrio y dudaban de su estabilidad.
"Hay gente que está nerviosa, que no quieren volver a sus casas, pero lo que pasó, pasó y no va a pasarnos a nosotros", decía Consuelo Rodríguez con convencimiento. Esta mujer, que vive en la calle Alós 4F y que fue una de las 28 reubicadas en el hotel, opinaba que ahora lo que toca hacer es revisar todos los edificios, "no sólo los de 100 años" y, sobre todo, "denunciar si se ve algún defecto, para que luego no puedan decir que nadie avisó".
La compañera de piso de Consuelo, Amparo Peláez, confirmaba que había compañeros de calle "muy nerviosos, sobre todo los que vivían en la calle
Montse Pérez no vive en la zona, pero asistió a la reunión de ayer porque su bar, el Tuqui, está en la calle Rodríguez Arias y lleva tres días cerrado. "Todos se han lavado las manos", protestaba esta mujer, que ya iba anunciando a los vecinos presentes que les esperaba hoy en el bar porque iba a abrir "sí o sí".