I. M. PALMA.
Edificios que se derrumban, como frágiles castilos de naipes, arrastrando con ellos vidas humanas y dejando sólo dolor. Es una tragedia que se ha repetido en varias ocasiones en los últimos años. Son los precedentes de la desgracia que en la madrugada del domingo al lunes afectó a la barriada de Camp de´n Serralta.
El precedente más cercano se encuentra el 16 de diciembre de 2008. Los forjados de tres plantas de un ala del hotel Son Moll, en Cala Rajada (Capdepera), que estaba siendo sometido a una reforma integral, se derrumbaron. En el lugar había ocho trabajadores. Cuatro de ellos murieron y el resto logró salir indemne de la tragedia. El establecimiento hotelero, situado en primera línea de Cala Rajada, había cerrado sus puertas al final de la temporada de verano y había iniciado la reforma integral. Una reforma que, como se constató después, se estaba haciendo sin la preceptiva licencia.
En los días siguientes al siniestro, fueron detenidos los dos arquitectos y el jefe de la obra. En sus primeras declaraciones judiciales, desvincularon la causa del accidente a la falta de licencia.
El 3 de octubre de 2001, un edificio abandonado de varios pisos de altura –ubicado en la calle Protectora, en el centro de Palma– se vino abajo. No se registraron víctimas. Poco antes de que se derrumbara, un empleado de una agencia inmobiliaria y varios clientes había estado visitando la finca.
En aquel entonces, los vecinos atribuyeron el derrumbe al hecho de que las fuertes lluvias habían colapsado la estructura.
El 19 de enero de 2001, el Hotel Tívoli, ubicado en s´Arenal, se derrumbó causando dos muertos y lesiones a otros cuatro albañiles. El accidente tuvo lugar cuando los operarios realizaban obras de reforma del edificio para su reapertura como hotel de tres estrellas. El mes que viene está previsto que se celebre la vista oral por el derrumbe. La fiscalía reclama 34 años y medio de cárcel para cuatro técnicos y dos empresarios. Se les imputa delitos contra la seguridad de los trabajadores y de homicidio imprudente, entre otros. La tragedia se cebó también años antes con el edificio situado en el número ocho de la calle Jafuda Cresques de Palma. Fue el 16 de julio de 1994. El balance, desolador: nueve personas heridas leves, tres viviendas destruidas, siete pisos más afectados y cuatro vehículos dañados.
Según determinaron los investigadores, el siniestro se produjo como consecuencia de una explosión de gas.