J.F.M/M.F./R.F. PALMA.
La Policía intentaba anoche concretar la identidad de las siete personas que perdieron la vida en el mayor desastre urbanístico que se recuerda en la última década en Palma, y que costó la vida de siete moradores del edificio que se derrumbó. Los cuatro primeros cuerpos fueron rescatados de entre los cascotes durante la madrugada. Se trataba del matrimonio de origen alemán que vivía en el tercer piso, así como el padre y la hija menor de la familia mallorquina que ocupaba la segunda planta. La madre de la niña era la única residente que logró sobrevivir.
Para concretar la identidad de las víctimas, la Policía recurrió a los datos del padrón municipal que identificaba a las personas que se habían empadronado en la finca. Se trataba de una información de referencia, ya que no había ninguna prueba que especificara que las víctimas eran, efectivamente, los once vecinos empadronados. Y ante estas circunstancias, la Policía recurrió a las huellas dactilares para concretar la identidad de las víctimas.
Fue un familiar de las tres víctimas de origen colombiano que vivían en el primer piso quien facilitó los nombres de los fallecidos. Estos tres cadáveres fueron los últimos en ser rescatados e identificados como María Inírida Correa de Valencia, Pablo Andrés Valencia Correa y Óscar Alfonso Ortíz Zapata. Los bomberos de Palma tuvieron que retirar varias toneladas de escombros, a veces a mano ante la imposibilidad de utilizar las máquinas excavadoras, para rescatar los cuerpos. La Embajada colombiana informó que asesorará a los familiares de las tres víctimas mortales. El primero de estos tres familiares que fue rescatado fue Pablo Andrés Valencia Correa, de 33 años. Al joven se le conocía con el apodo de ´La Bestia´. Se dedicaba a la reparación de cabinas telefónicas, pero hace poco había perdido el trabajo y estaba buscando otro empleo. El joven hacía más de diez años que vivía en España. Primero vino su madre, y después él y su hermana, que fue de las pocas que sobrevivió al derrumbe. Sus amigos se concentraron en un bar de la plaza Serralta para recordarle. "Era casi como nuestro padre porque era el mayor de todos nosotros", señaló uno de sus amigos, que confirmó que la marca que tenía Pablo Andrés en la cara se la había producido durante una reyerta. Hacía poco que había sufrido un accidente y necesitaba unas muletas para caminar. Sus amigos afirman que el joven se había quejado que el edificio donde vivía no estaba en condiciones. "A mí me dijo que tenía muchas grietas, pero que un arquitecto les había dicho que no se preocuparan, que no pasaba nada. No sé si es verdad o no que un técnico realizó esta inspección, pero a mí me lo contó Pablo Andrés", afirmó. Varios de los jóvenes recuerdan entre lágrimas a su amigo. "Como homenaje vamos a hacer lo que más le gustaba a Pablo Andrés: nos vamos a fumar cada uno un porro en su honor", señaló uno de ellos al tiempo que sacaba de la cartera el papel para liar los cigarrillos.
De los otros vecinos que murieron en la tragedia poco se sabía. El matrimonio alemán que vivía en el piso superior fue visto por última vez el domingo, según recuerda el dueño del Gorg Blau, que se muestra muy afectado. Recuerda que el hombre era muy aficionado al campeonato de fútbol alemán y había quedado pendiente con él para presenciar algún encuentro de la liga. "Era muy buena gente", señaló.