ANTONIO TARABINI
La rentabilidad empresarial de la finiquitada temporada turística no ha sido buena, especialmente para el conglomerado incluido en la denominada oferta complementaria. Pero tampoco se respira optimismo ante la próxima temporada. Y ahora, ¿qué? Algunos pueden pensar que la situación puede superarse una vez nuestros mercados emisores superen su propia crisis económica. Y, en consecuencia, lo importante ahora es dedicar más fondos a la promoción turística. Otros opinan que las causas son más profundas y que vienen arrastrándose hace años.
Nuestro producto turístico está perdiendo competitividad y atractivo. Por una parte somos un destino turístico "maduro", lo que implica una notable obsolescencia no sólo en nuestra planta de alojamiento, sino también en el entramado de las diversas zonas turísticas. Por otra parte, están en el mercado múltiples destinos alternativos que se están posicionando con fuerza, con ofertas agresivas y con instalaciones modernas.
Seguimos teniendo mimbres para ofrecer un buen "cesto" turístico. ¿Por qué no aprovechamos el duro invierno para consensuar un diagnóstico compartido de nuestra "enfermedad", y concretar qué tipo de "medicinas", a corto y medio plazo, son precisas aplicar? Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?, ¿quién lidera el proceso de cambio?