Crisis en el pacto. Jornada maratoniana de reuniones en el consolat de mar
M. FERRER/ V. EZA. PALMA.
Desde que estalló la crisis –esta vez con mayúsculas– del Pacto, la intención del presidente Antich ha sido no inmiscuirse, o hacerlo lo menos posible. El 30 de septiembre UM rompió unilateralmente el acuerdo de gobernabilidad en el Consell de Mallorca, ergo los que tenían que entenderse eran los nacionalistas y la presidenta de la institución, Francina Armengol, para no dar Antich la sensación de tutelarla.
Pero pasaron los días, y el líder de UM, Miquel Àngel Flaquer, y la socialista Armengol no eran capaces de llegar a un acuerdo. Antich no tuvo más remedio que intervenir, y el sábado 3 de octubre dio una semana de plazo para reconducir el desencuentro. El fin de semana pasado, el presidente logró una entente con UM –renunciar al golf de Son Baco a cambio de crear unas 1.500 plazas turísticas–, y el domingo salió a fotografiarse feliz y contento junto a la pareja de la discordia ya reconciliados, Armengol y Flaquer, en la muestra de la lampuga de Cala Rajada. Por la tarde, Biel Barceló, del Bloc, se encargaría de recordarle que también esta coalición sostiene su silla, y a Antich se le aguó la fiesta.
Los partidos en disputa se dieron el lunes para descansar, y ayer retomaron las negociaciones. No se pudo arreglar por la mañana, y tras el pleno semanal del Parlamento, sobre las tres de la tarde los líderes del Pacto regresaron prestos al Consolat, donde se sentaron a manteles e intentaron de nuevo llegar a un acuerdo.
Dicen que Flaquer estuvo muy por la labor, no tanto su vecino de asiento Guillem Ginard. El alcalde de Campos repetía una y otra vez, a cada cesión del líder de UM, "esto, presidente, la gente de Campos no lo va a entender".
A las 19 horas hicieron un alto: el Pacto pendía de un hilo, de ahí que PSOE, UM y Bloc se dieron dos horas de receso para reunirse con sus respectivas ejecutivas y volverse a ver a las 21 horas. Sobre la mesa, ya solo dos alternativas, o se alcanza un acuerdo o se rompe el Pacto de gobierno en el Consell, el Govern y el Ayuntamiento de Palma. Precisamente lo que más le preocupa a Antich, pues el golf de Son Baco ni le va ni le viene.
En la batalla de ayer, que se inició el domingo –la primera vez que UM, PSOE y Bloc se ven las caras para hablar del Pacto, tras dos años de gobernar juntos–, Antich es el árbitro a punto de perder los papeles. El cierre en banda de sus dos socios exasperó al presidente, "que tiene mucha paciencia, pero también la acaba", advirtió por si acaso la número dos de los socialistas baleares, Rosamaria Alberdi.