Antoni Vera. Director de Cáritas Mallorca
ROSA FERRIOL. PALMA.
La crisis económica actual no es una mera crisis. Ya no afecta a los pobres de siempre, ahora incumbe a un hermano, un primo, un amigo... Algunos de ellos se ven con la necesidad de llamar a las puertas de los servicios sociales, ahora desbordados, con la frustración que ello supone. "No es un fracaso personal, sino un fracaso de todos", explica el director de Cáritas Mallorca, Antoni Vera. A pesar del drama de esta nefasta coyuntura económica, hay una alegría: los ciudadanos están sensibilizados y demuestran su solidaridad con donativos o con el voluntariado.
–La temporada turística ha sido más corta, habrá más gente sin derecho al paro... ¿Cómo se presenta el último trimestre?
– Dificultoso porque se espera una avalancha de demandas. Sobre todo vendrá mucha gente que trabaja en la hostelería y en los servicios porque han finalizado la temporada antes. Incluso también esperamos una avalancha de personas que habían acudido a Cáritas hace dos o tres años y que ahora nos necesitan otra vez. Se trata de gente que se integró laboralmente pero con esta crisis vuelven a necesitar nuestros servicios.
–¿Los servicios sociales están preparados para afrontar esta nueva avalancha?
–Estamos preparados porque sabemos que viene una nueva avalancha pero no estamos preparados porque no tenemos respuestas para todos. Evidentemente, Cáritas no tiene los mismos recursos de la Administración. Hoy en día tengas lo que tengas, te encuentras desbordado, es decir, no hay respuestas a todas las carencias que se dan a nivel social.
–¿Están desbordados?
–Desde hace un año y medio, los servicios sociales están desbordados. Hemos tenido que cambiar nuestra forma de funcionar porque antes el bloque fuerte de la necesidad social se ubicaba en parroquias de Palma como Son Gotleu, Soledad, Polígono, Camp Redó. Ahora este ámbito de necesidad está más repartido porque han surgido demandas en otros barrios y en los pueblos. Las parroquias del Raiguer o del Pla han visto aparecer necesidades sociales en sus municipios cuando antes no sucedía. Por ello, Cáritas ha apostado porque la intervención esté más en el territorio, formando a los voluntarios, ayudando a las parroquias y colaborando con los servicios sociales de la Administración.
–¿Cuáles son las principales demandas de los necesitados?
– La gente primero pide trabajo, no sólo viene a por la bolsa de alimentos. Luego le siguen las necesidades derivadas de la vivienda. En el caso de los inmigrantes, una ayuda para el alquiler o la habitación. Los autóctonos solicitan una subvención para la hipoteca o los gastos de luz y agua.
–¿Ha cambiado el perfil de los usuarios?
–Hace unos años, acudían los pobres de siempre. Ahora además de los inmigrantes, que centran el 80% de nuestra atención, viene los autóctonos que nunca habían precisado los servicios sociales. Se trata de familias que hace unos meses trabajaban y tenían un buen sueldo pero con la crisis uno o los dos han perdido el empleo y se ven colapsados por la hipoteca. Es el prototipo de familias de entre 28 y 45 años con dos o tres hijos. La mayoría trabajaban en la construcción y ganaban dos o tres mil euros mensuales. El problema es que nunca habían precisado la ayuda de Cáritas y sufren un derrumbe moral y personal. Vienen con miedo, vergüenza y con un sentimiento de fracaso porque nunca se habían visto en una situación semejante. Lo primero que hacemos es levantar su autoestima, haciéndoles comprender que tienen todo el derecho de recurrir a nosotros porque no es ningún fracaso personal, sino un fracaso de todos, político, económico y social.
–¿Dónde es más importante actuar?
–Se tiene que reforzar la alimentación pero la filosofía de Caritas es la formación de los usuarios. Abogamos por los talleres de catalán, castellano, electricidad, jardinería o servicio doméstico. A cambio de participar en estos cursos, se otorga una beca de entre 220 y 300 euros. Así, los usuarios se forman, se relacionan, tienen unos hábitos de trabajo y una pequeña ayuda. A la larga, la formación refuerza más a la persona. La principal necesidad de la gente no es la ropa o la alimentación, en casos puntuales sí, pero de cara al futuro se debe apostar por la formación.
– La mala situación económica dispara los voluntarios y las donaciones para ayudar a los necesitados.
–Dentro de la tristeza, tenemos una alegría porque hay un crecimiento de instituciones y empresas que ofrecen su colaboración. También crece el número de personas que ofrecen su tiempo y su formación para ser solidarios con los demás. Además de los donativos extras de la Conferencia Episcopal (28.000 euros) o de los sacerdotes (24.000 euros), incrementan los donativos individuales. En agosto de 2008 se recaudaron 40.000 euros mientras que la cifra alcanzó los 184.000 euros este mes de agosto. La cifra se quintuplica. La ciudadanía se ha dado cuenta que mucha gente próxima vive situaciones complicadas y muestran su solidaridad con un donativo. La ciudadanía está preocupada y sensibilizada con el drama de la crisis.
– "No hay que darles pescado, sino enseñar a pescar". ¿Es la nueva filosofía?
–Cáritas se quiere aproximar al territorio a través de las parroquias para trabajar en red con los servicios sociales de la Administración. Lo más importante es sumar, trabajar conjuntamente. Esta reestructuración servirá para estar más coordinados y que los recursos estén mejor aprovechados. Antes cuando abrías las puertas de Cáritas en las parroquías, atendías a cuatro o cinco personas. Ahora, hay 40. Nos interesa que los voluntarios estén lo mejor formados posible, deben saberse poner en su lugar, sin juzgar a nadie.
–¿Sé ve una luz al final del túnel?
–Este año y parte de 2010, si no todo, habrá una situación muy complicada. La bonanza hasta 2007 es irrecuperable a corto y medio plazo. La crisis ya va más allá de una crisis normal. Hay cuatro millones y medio de parados y estos es insostenible. Las cifras actuales salen de la pobreza habitual. No son los de siempre, ahora ya son conocidos: amigos, familiares...
–En toda crisis, hay oportunidades.
–Es una oportunidad para replantear el sistema económico, laboral y la protección social en España. En la economía doméstica es importante el concepto del ahorro y de no gastar por encima de nuestras posibilidades.
–¿Cómo se pueden solucionar los conflictos raciales en barrios como Son Gotleu?
–Con lo que ha pasado en Son Gotleu, tendemos a endemoniar a las personas. Los inmigrantes nos quitan unas cosas pero nos dan otras. Tenemos que apostar por la integración. Es necesario que las culturas entren en relación, en diálogo y aprender a convivir. Es muy importante el concepto de persona, todos somos ciudadanos del mundo, vivimos en una aldea global. De cada vez, el mundo estará más diversificado y las culturas estarán más cruzadas. Se puede lograr con buena voluntad y creyendo que otra sociedad es posible si cada uno pone de su parte.
Perfil
Antoni Vera
Nacido en Palma en 1957 ostenta el cargo de director de Cáritas Mallorca desde hace dos años. Ha desarrollado su actividad pastoral en varios barrios palmesanos como el de Camp Redó o el de Son Gotleu, barriada que tuvo a su cargo durante once años. En su currículum destaca su misión durante siete años en Perú.