Crisis en el Pacto. Las Hipótesis de ruptura torpedean el frágil liderazgo de Bauz en el PP
MATÍAS VALLÉS. PALMA.
Se denomina corrupción a los vicios o abusos que desvían a una organización de sus objetivos fundacionales. En el caso más dramático, la muerte respecto de la vida. Bajo la citada definición, el concepto de indignidad es más laxo en UM que en otras formaciones. De acuerdo con los principios del partido que habitan, a Nadal, Flaquer o Pascual no se les puede achacar ninguna presunción corrupta. Se han atenido escrupulosamente a la tradición de su formación. Al romper el Pacto porque no se respetan sus manejos, se han reconciliado con su verdadera naturaleza.
"No nos sentimos a gusto", refunfuña el mismo Miquel Angel Flaquer que presumía de haber conquistado a Francina Armengol. El disgusto, como resumen frívolo que efectúa UM del abandono del Consell, debiera extender un pasaporte de honradez sobre la institución abandonada. Sin embargo, las apelaciones de Armengol a la pureza vienen muy abolladas. Sin necesidad de evocar el pecado original de Son Espases, ha perdido en Formentor cualquier pretensión de limpieza medioambiental. Por no hablar de su convivencia con unos socios que se pasan más tiempo en los juzgados de instrucción que en los despachos. La presidenta no se ha desembarazado de los poliimputados, ellos la han desairado. En la segunda mitad de los noventa, Maria Antònia Munar se enfrentó a las mismas turbulencias que la socialista en idéntico cargo, pero se adelantó al expulsar a sus socios del paraíso. Una década después, ha desempolvado sus malabarismos.
"No nos sentimos a gusto", un mensaje a la altura literaria del spam. Armengol sucumbió a la tentación de no dejar ninguna provocación sin respuesta, pero olvidó la máxima maquiavélica de que el gobernante no amaga, golpea. El enfurruñamiento del partido nacionalista libera a la deserción de los imputados de adherencias políticas, para restringirlo a la protección judicial. Dado que los encolerizados sólo votarán "en función de las ideas propias de UM", la situación puede recomponerse con un par de campos de golf. Y si las magulladuras poseen cierta entidad, con otro Can Domenge.
"No nos sentimos a gusto" con el PSOE, pregona la misma UM que en la anterior legislatura denunció a sus socios del PP a los tribunales. Condenada al disgusto eterno, la formación ha propiciado la primera oportunidad de una alianza entre populares y socialistas que la suprima del panorama político. La única arma de los nacionalistas consiste en pasarse al otro bando, pero los conservadores no están en condiciones de reeditar un romance de alto voltaje. La hipótesis del defenestrado Jaume Font en la presidencia del Consell –la única que puede asumir la derecha sin doblegarse en exceso– torpedearía el frágil liderazgo de José Ramón Bauzá. Tras el alud de "fotos vacías de contenido", el alcalde de Marratxí no estaría en condiciones de reclamar la candidatura a la presidencia del Govern en 2011. Y mucho menos si la rebelión de UM se propagara al Consolat. Ni los sucesivos presidentes del PP confían en su partido.
La corrupción une mucho, y ha generado lazos indisolubles en la astillada junta nacionalista. Cuando Munar rompía con el PP, se dejaba los jirones de tránsfugas que se quedaban en los pastos conservadores. Al tocar a rebato contra la izquierda, no se ha detectado de momento a ningún remolón. Los nacionalistas más estridentes anhelan una convocatoria de elecciones anticipadas, para recuperar su papel arbitral y afrontar la redegeneración de UM. Sólo en este punto se hace inevitable sacar a escena a Antich, porque se puede teorizar infinitamente sobre la política de Balears sin mencionar a su president.
Antich desperdiciará la oportunidad de contribuir a la purificación del centro derecha balear, para lo cual debería responder al reto de UM con un grado de energía superior a la indiferencia. Si está en disposición de elegir, el president intentará siempre no gobernar. Calmar las aguas para caminar bajo ellas. Con su inhibición a cuestas, sigue siendo el único residente posible del Consolat. Cuando Munar lo declara intocable, no opera desde la magnanimidad, sino desde la impotencia. El penúltimo seísmo de la legislatura refleja el cambio de ciclo económico en Mallorca. La isla ha pasado de los tiempos en que la empresa más rentable era la corrupción, a la era en que la única empresa rentable es la lucha contra la corrupción. En su recién adquirida austeridad, los desertores del Consell aseguran que "no estamos en los cargos a cualquier precio". En efecto, el precio ha de ser lo suficientemente elevado.