MIGUEL MANSO. PALMA.
El profesor alemán Hans Von Hentig (1887-1974) dedicó media vida a desentrañar el papel de las víctimas de estafa. Este experto en psicología criminal y fugitivo del nazismo dedujo que el engaño cristaliza sólo cuando el perjudicado coopera voluntariamente con su verdugo. La víctima, dice Von Hentig, suele tener una personalidad obstinada y especuladora.
La Guardia Civil destripó la semana pasada un fraude millonario. El típico. El de toda la vida. Los timadores captaban inversiones a cambio de suculentos dividendos procedentes del futuro rendimiento de una mina de oro en Rusia. "Pensé que era un negocio seguro", dijo uno de los burlados, un hombre de éxito que cayó en la trampa. Otro hombre, de unos ochenta años y pocos estudios, se hacía cruces al leer la noticia al día siguiente en un bar de Palma. "¿Pero cómo podían creer lo de la mina en Rusia y el plano de Siberia?", decía el octogenario, al tiempo que relataba un timo inmobiliario perpetrado en los años setenta. Sin ver escrituras ni a notarios, los incautos compraron solares fantasma en Canarias por 200.000 pesetas de las de entonces.
Con la que ha llovido, y la gente sigue picando, venía a decir el abuelo del bar. En internet, un año equivale a veinte ejercicios de vida pedestre. El phishing –término procedente de la palabra inglesa fishing (pesca)– es un tipo de delito encuadrado en el ámbito de las estafas. El phishing ya es tan viejo como el timo de la estampita o el de las minas rusas. El embaucador se hace pasar por una persona o empresa famosa para obtener números de cuentas o de tarjetas y luego saquearlas. A diferencia de los fraudes antañones, los nuevos impostores se refugian en el anonimato de ordenadores enchufados a miles de kilómetros, en Rusia o Ucrania, por ejemplo.
Después del verano, estación donde el volumen de ataques informáticos ha caído un 45% porque los delincuentes también se toman vacaciones, los impostores vuelven a la carga. Los farsantes se hacen pasar por la Agencia Tributaria. "Después de los cálculos del último informe anual de su actividad fiscal, hemos determinado que usted es elegible para recibir un reembolso de impuestos de 186.80 euros", escriben en un correo electrónico con membrete del fisco remitido a miles de computadoras.
También se revisten de la Lotería Internacional del Reino Unido en un pésimo castellano y con alguna letra en cirílico. Así, seleccionado por "un sistema de la balota de la computadora (sic)", y a través de un concurso que "organisamos una vez cada aco (sic)", te haces acreedor de un premio de más de siete millones de euros depositados en un tal Nationwide Bank England. Para recuperar todo ese pastuflón hay que llamar al teléfono inexistente de una tal Jeniffer White o dirigirse a un correo electrónico de verdad, donde seguro que te reclaman el número de la cartilla o el de la tarjeta.
Si la lotería no funciona, se enfundan un traje y simulan pertenecer a la Caja de Ahorros del Mediterráneo, al BBVA o a Caja Madrid. Mediante un e-mail te informan de que has sido recompensado con 100 euros, o se ha desactivado tu tarjeta de crédito por razones de seguridad, o que debes actualizar el perfil de usuario. Para lograrlo, hay que proporcionar datos comprometedores. Sus máscaras son infinitas. Pueden encarnar a los carteros de Correos que te envían un telegrama; a los técnicos de la famosa empresa estadounidense PayPal, especializada en garantizar transferencias seguras; o a los informáticos del portal Hotmail.
Conseguidas las claves y desvalijadas las cuentas corrientes de quienes se creyeron a los falsos loteros o a los banqueros postizos, se necesita un mulero –nombre adoptado del narcotráfico– para sacar el dinero de España. Los muleros son captados por medio de anuncios en webs de empleo, chats o correos electrónicos –circulan miles en las últimas semanas–. Empresas ficticias ofrecen trabajos cómodos desde casa a cambio de beneficios estratosféricos. Algunas veces el porteador actúa sin saberlo y otras, lo hace conscientemente.
El caso es que blanquea el dinero del phishing del siguiente modo: recibe transferencias bancarias a su cuenta y posteriormente envía ese parné a terceros países mediante empresas del tipo Western Union o Money Gram. A cambio, se queda con una comisión de entre el 8 o el 10%, informan fuentes del grupo de Delincuencia Económica e Informática de la Policía Nacional en Balears.
Cada mes, la Policía Nacional en las islas se enfrenta a dos o tres casos relacionados con fechorías telemáticas. En la mayoría de las ocasiones se persigue al eslabón más débil de la trama, el mulero, ya que los estafadores residen en países del Este y su identificación resulta casi imposible. Este intermediario, quizá por su carácter obstinado o especulador, como decía Von Hentig, pica y colabora en el engaño.