Salud. Trabajadores de la restauración temen una bajada de clientes si se endurece la norma
ROSA FERRIOL. PALMA.
Fumar o no fumar en espacios públicos, esta es la cuestión. La mayoría de los ciudadanos consultados considera "exagerado" la intención del Gobierno central de endurecer la Ley Antitabaco prohibiendo su consumo en locales públicos. "Es demasiado exagerado no dejar fumar en bares y restaurantes", admite Gerard García. Este ciudadano considera que las medidas actuales contra el tabaco son "suficientes" y no hace falta endurecer la normativa. Como él, opinan la mayoría de los entrevistados. Francisco Martorell, que comparte mesa con Gerard en la Bodega La Rambla, cree que si al final endurecen las medidas antitabaco la gente acabará acostumbrándose. Sin embargo, considera que antes de restringir el tabaco en bares y restaurantes se deberían implementar otras medidas como, por ejemplo, instalar en los locales extractores para el humo del tabaco. "Es una alternativa. No se nota nada el olor", resalta.
Otros ciudadanos como Xavier Fiol creen que "hay cosas que contaminan más pero que el Gobierno no toca". Así este no fumador mantiene que "antes de endurecer la Ley Antitabaco, hay otras cosas más importantes que solucionar como, por ejemplo, evitar que las fábricas viertan en los ríos". Sin embargo, su compañero de mesa en un café del centro, Santiago Picatoste, considera correcto que el Gobierno quiera prohibir el consumo de cigarrillos en lugares públicos. "Entiendo que la gente no tiene la necesidad de tragarse el humo de los demás", justifica. Además, este ciudadano añade que en otras ciudades europeas ya se aplican estas restricciones y aquí no.
El conseller de Salud, Vicenç Thomàs, defiende la restricción total del tabaco en bares y restaurantes. Por ello, insta al ministerio de Sanidad a elaborar una normativa con tal fin. Uno de sus argumentos es que los trabajadores de la restauración no tienen por qué inhalar el humo de su clientela. Una opinión que comparte la camarera Margalida Palou. "Soy fumadora pero no tengo por qué fumar de más", sentencia. Explica que el bar tiene reservada una mesa para no fumadores mientras que en las otras los clientes sí pueden encender su cigarrillo. "En la barra tampoco se puede fumar. Así el humo ya no va a la comida", resume. "Respetando la barra, ya se respeta al camarero", añade. Palou mantiene que si se endurece la normativa será difícil la adaptación, "nuestra sociedad es una sociedad de vicios", comenta. Igual que otra camarera, Carme Pérez, cree que las restricciones serán sinónimo de una bajada de la clientela. "Si se prohíbe fumar en todos los bares, la gente dejará de salir. Perderemos clientes", mantiene Pérez. Fernando Giménez apunta en la misma línea. "La normativa actual está bien. En este bar hay dos salas, una para fumadores y otra para los que no fumen", explica a la vez que resalta que "es muy difícil decir a la gente que no puede fumar en el local".
En cambio, el camarero Vicente Fernández lo tiene muy claro. Está a favor de que se prohíba el tabaco porque "los que no fumamos respetamos a los fumadores y ellos deben respetarnos a nosotros. A mi me molesta que me echen el humo a la cara", sentencia.
Prohíban o no fumar en lugares públicos, la realidad es que hace cuatro años los restauradores tuvieron que hacer unas inversiones para adaptarse a la Ley Antitabaco. Es normal que reclamen compensaciones si el Gobierno, cuatro años después, decide endurecer la normativa. Por ello, el sector exige a la Administración una decisión firme sobre este tema.