REmodelación de Govern. UM y el BLOC no asumen parcelas, ejercen un poder absoluto en sus taifas
MATÍAS VALLÉS
Con cortedad de miras y en el peor momento. Sin embargo, no conviene excederse en las desconsideraciones hacia un Francesc Antich que de aquí a diez meses se convertirá en el segundo president más longevo de Balears, por detrás sólo de Gabriel Cañellas. Como un gesto de reconciliación nacional, ha desviado la atención del caos de liderazgo y corrupción que arrasa al PP, para proponer una crisis de andar por casa, con batín y pantuflas. Cospedal deberá excluirlo de la relación de causantes de una conspiración cósmica contra los populares.
Los dos consellers entrantes ofrecen mayores garantías que las destituidas. Bartomeu Llinàs es lo más parecido a una éminence grise de que puede presumir el entorno del president. Pilar Costa encabezó la primera configuración de un Pacto de Progreso en toda Balears, pero los avatares posteriores deslucieron el peso específico y casi revolucionario del progresismo ibicenco. Según es habitual en los gobernantes conforme avanza la legislatura, se rodean de fieles en detrimento de los experimentos. Sin embargo, no se derramarán lágrimas por la salida de Galmés y Leciñena, cuyo momento de esplendor coincidió con la perplejidad que suscitó su acceso al Govern.
Como de costumbre en Antich, la noticia radica en lo que no se ha atrevido a hacer. Trabaja sin prisas pero con pausas, tan consciente de sus limitaciones que se anticipa a quien pretenda reprochárselas. Con una remodelación de mero interiorismo, demuestra que sólo es el president de medio Govern. O quizás capta de nuevo el Zeitgeist de Balears, una comunidad que ha generado anticuerpos contra los poderes absolutos, vista la tentación de ejercerlos en provecho económico propio.
La empresa denominada Govern carece de mayoría absoluta. Los socios minoritarios no han de doblegarse ante el predominio socialista en el conglomerado, y a duras penas mascullan el título de primus inter pares para el teórico president. Todo ello en una legislatura donde ya no cabe apelación alguna a mociones de censura o virajes bruscos. Sin embargo, UM y el Bloc no asumen parcelas del ejecutivo, sino que ejercen un poder absoluto en taifas intocables de la administración autonómica.
Antich se humilla ante sus socios, un argumento adicional para no acometer una crisis que le empequeñece frente a sus conciudadanos, aunque Rosa Estarás y Rodrigo de Santos le tributarán un agradecimiento perpetuo. A cambio, potencia un matriarcado de alto voltaje en el seno de las instituciones de la comunidad. Pilar Costa, Joana Barceló, Aina Calvo y Francina Armengol configuran el poderoso póquer de damas del socialismo balear. Ninguna de ellas podría ser descartada como aspirante a la presidencia del Govern.
La supervivencia de Miquel Nadal es más relevante que las dos sustituciones acometidas por Antich. El conseller que comenzó la legislatura como una amenaza que hiciera volar por los aires el castillo de naipes de Cort, Consell y Govern, ha quedado reducido a la condición de imputado, en todos los sentidos. Aunque el president se levanta cada mañana con la intención de destituirlo, no ha mostrado hacia UM la cortesía que lo reconciliará con Estarás.
Unió Mallorquina deberá asumir en solitario su problema con Nadal. De acuerdo con el protocolo seguido por el conseller para autodesignarse titular de Turismo en sustitución de Francesc Buils –un ceremonial avalado ayer por Antich con su timorato golpe de timón–, los nuevos gestores de la formación nacionalista pueden limitarse a personarse en el Consolat con su nueva propuesta para la citada cartera, aunque sin la coartada de una destitución previa.
Al negarse a ejercer el poder que implica su cargo, Antich se halla maniatado frente a la bancarrota económica y la corrupción que anida en su coalición de Govern. No puede suprimir ni uno solo de los cargos innecesarios –cuando no directamente corruptos– que heredó de Jaume Matas. Prefiere la esclavitud a plantear algún inconveniente a sus aliados. Nunca será condenado por abuso de poder, pero una porción del electorado se muestra notablemente dura con quienes muestran desidia en el ejercicio de sus atribuciones. Inmutable, Antich prefiere que las situaciones le vengan dadas.